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Política Desenmascarando la realidad aparente (poniendo las cosas en su sitio)

CUESTIONANDO LA 'SABIDURÍA CONVENCIONAL' PROPAGADA POR EL ESTABLISHMENT POLÍTICO-ECONÓMICO-MEDIÁTICO EN ESPAÑA, con motivo de la apertura del flamante año estrenado, 2015:

Si nos topáramos con cualquier militante, simpatizante, o elector 'viscoso' (según la terminología empleada por la socióloga electoral Irene Delgado Sotillos, esto es, fidelizado a unas siglas, en más de una elección consecutiva, con independencia de los vaivenes acaecidos en el seno de una legislatura) afín al Partido Popular -y que aún no hubiera optado por la deserción de sus filas-, exclamaría -y, de hecho, me consta que no cesarán de bombardearos a lo largo de los dos próximos trimestres, con motivo de la proximidad de las citas electorales por revalidar-, lo siguiente:

-"La recuperación microeconómica no ha tenido aún lugar; en cambio, la macroeconómica comienza a constituir un hecho; y esa mejora aparente de tales indicadores no podría ponerse en entredicho, entregando de nuevo el poder en manos de la izquierda, y mucho menos, en pos del tan demonizado diablo rojo y antiespañol, bolivariano, Podemos. Así que obrad en consecuencia, y votad con criterio y rigor".

Os resultan sumamente familiares tales sentencias, ¿verdad?

Pues bien; voy a proporcionaros munición -o convenceros, de manifestar profusamente filiación hacia la derecha- para que ceséis de hilvanar ensoñaciones fundadas en el vacío de la nada, y para que una mentira, por muy bien edulcorada, o por muy insistente que resida su propagación, por parte del poder financiero, el cual controla la mayoría de medios de 'desinformación' (privados), o el partido en el gobierno (públicos; Telemadrid, Castilla-La Mancha Televisión; la extinta, hasta 2013, Canal Nou; Canal Sur -en el supuesto socialista-, etcétera), no se convierta en realidad. Porque, amigos míos, las estadísticas se encuentran, de ser recabadas en tiempo y forma, a disposición de cualquiera mínimamente interesado en la revelación de la verdad, fundamentada en el análisis racional, imparcial e incontestable de las cifras económicas.

Comencemos, pues. La prima de riesgo ha decrecido por debajo, por primera vez desde 2010, de los 100 puntos. Se prevén unos resultados, derivados de la temporada estacional de las rebajas de comienzos de año, más moderadamente positivos, con respecto a los padecidos tiempo atrás. Ratios de actividad productiva levemente superiores a las de mensualidades previas. Y de ocupación hotelera, cifrada en pernoctaciones en temporada turística elevada. O de confianza del consumidor.

Pues bien; macroeconómicamente hablando, esos guarismos se tornan irrebatibles. No pueden ser desmentidos. Porque, de esbozarse una mínima muestra de rebatimiento, vendría a reprendernos, commo mínimo, de antipatriotas -¿acaso no existe mayor atentado contra la patria que uno tanto ama fervorosamente, que el hecho de proyectar políticas al dictado del poder financiero transnacional y las agencias de calificación especulativas; así como evadir impuestos al fisco, depositándolos en paraísos fiscales de dudosa reputación y detección por la Agencia Tributaria?-, el acólito de derechas de toda la vida, sosteniéndonos, con una mezcla de altivez y reproche digno de fábula:

-"¿Por qué sois tan cenizos, cuando, en primer lugar, negásteis la crisis y, con posterioridad, la recuperación?"
.

Tranquilo, estimado votante de derechas. Serénate. Sin acritud. Si la recuperación macroeconómica es un hecho, nadie lo cuestiona -aunque tres millones de niños en nuestro país padezcan malnutrición; cinco millones de desempleados; contratos parciales de una hora de duración, algunos, sin remunerar; un incremento del salario mínimmo interprofesional, cifrado para 2015, de apenas tres euros de saldo, muy por debajo del diferencial del IPC para el mismo período -ello se traduce en una consiguiente pérdida del poder adquisitivo de los asalariados; dos mil imputados en todo el año anterior, 2014; inicio del Año Nuevo en la villa de Madrid, con cinco nuevos desahucios como regalo de Navidad, por el Ayuntamiento de la capital, entre muchos otros deslices-; pero no gracias a la acción del gobierno de Mariano Rajoy desde 2011, sino más bien a pesar de ella (y de él).

Dos motivos lo explican con diáfana claridad: la reducción de los precios del crudo (causa de la salida de la recesión), la cual minimiza el precio de cuanto producimos y, por ende, consumimos. Y ello traslada, y transmite una falsa imagen de mejora de nuestra calidad de vida en las últimas semanas. Y, en segundo término, la devaluación experimentada por nuestra moneda única, el Euro, decretado por el BCE, como punta de lanza de iniciativas tímidas de estímulo económico, que han incidido en un repunte sutil de las exportaciones. Así, una cuarta parte del crecimiento de nuestro Producto Interior Bruto ha sido fruto de lo revelado con anterioridad. Atribución, por tanto, del 'mérito' imputable a esferas e instancias de decisión supranacionales.

Si a ello le añadiéramos la estrategia que ya se está orquestando en nuestro país, consistente en reducciones y desgravaciones fiscales (tramo del IRPF, concesión de crédito a las Comunidades Autónomas), inauguraciones de obras infraestructurales, las cuales, fueron promovidas más de veinte años atrás en el tiempo..., nos encontramos ante maniobras descaradas de sumir al conjunto de la ciudadanía española en el síndrome de Estocolmo y la inopia para, al cabo, de unos diez meses, todo hallarse reorientado hacia, como sostendrían ellos, gentes de orden, "lo que debe ser, como Dios ordena, decreta y manda". "¿Vamos a consentir que los cimientos del sistema político del 78 se derrumben, habiendo dispuesto de posiciones de poder y de influencia, las cuales perderíamos de asistir a un nuevo proceso de tipo constituyente? ¿Empoderar a los colectivos ciudadanos excluidos por años de austeridad y desigualdad galopantes? ¿Procesos de participación política de nuevo cuño, más allá del cerco vetado de las instituciones? ¡Ápero de nosotros! ¡Ni hablar!". En fin..., así se las gastan ellos.

Por el contrario, las siguientes iniciativas han portado la firma impresa del Ejecutivo de Rajoy Brey desde sus albores:

a) ¿En qué se traduce la reforma de la Ley de Pensiones? Muy sencillo: la revalorización de las mismas ya no se hallaría -a partir de entonces- condicionada a la evolución experimentada por el IPC, sino por un cálculo de mayor arbitrariedad, determinado por el Gobierno de turno.

b) Con la reforma laboral, un hombre de 45 años podría percibir retribución por un simple contrato de prácticas. Y una sucesión de tres trimestres en recesión, o simple decrecimiento -en la comparativa con los precedentes- de la empresa, podría alentar un expediente de regulación de empleo, parcial o total. La obtención de empleo ya no garantiza, ni mucho menos, la salida de la espiral de la pobreza.

c) La ley de amnistía fiscal, el cual genera un desincentivo perverso para quienes han cumplido con Hacienda, pues, podrán contemplar con sopor cómo defraudadores de cantidades ingentes, no reciben, como cabría esperar, todo el peso de la ley por parte de la Administración Tributaria, por el riesgo de cumplimiento que manifiestan con descaro, sino la repartición del cuarenta por ciento del dinero a repartir por el Gobierno en manos del decil más rico, y no de quienes, en virtud de su menor disponibilidad de renta, debieran recibir tales transferencias y subvenciones públicas, al revestir mayor necesidad social su percepción. La regresividad más lacerantemente conocida.

Y ahora, españolito de bien, que te guarde Dios -como sostuviera Machado-, déjate seducir -una vez más, no supondría la primera- por la aversión al riesgo y a lo desconocido, y el temor a los dioses furiosos de los Mercados financieros internacionales, a quienes parecemos deberles la vida por alguna razón desconocida -en Grecia ya se plegaron; ¿lo harán de nuevo a mediados de enero?-, y resume y sintetiza siete años de desigualdad sistémica y corrupción en diez meses de alharacas y discursos triunfalistas -en lo macroeconómico- y satanizador -acerca de la alternativa que planea sobre el horizonte, dispuesta a alterar, en un sentido más redistributivo, las reglas del juego del sistema que nos gobierna-, como si la desgracia ajena de los demás no nos incumbiera lo más mínimo, "mientras a mí no me afecte, lo más mínimo, en lo más esencial. Porque, al fin y al cabo, esto de la crisis es pasajero, y deberá cambiar algún día". Pues muy bien. Bájenme de este mundo, que yo me apeo. Ustedes dirán: es usted un totalitario intransigente, con la libre expresión de las preferencias político-electorales de quienes disienten con sus ideas, paradigma de toda democracia que reciba su nombre. No, no se trata de eso. ¿Por qué no mirar hacia arriba, creyendo en mejorar apostando por alguna solución desconocida, pero bienintencionada y honesta, en lugar de recelar de quien figura debajo de nosotros, sin cuestionar el reparto injusto y desigualitario de poder, renta, riqueza y oportunidades brindadas a los demás, existente? Si no desearas que partidos como el de Pablo Iglesias se alzaran con el triunfo, o alguna fórmula equivalente, y, sin embargo, te hubieras sentido enormemente defraudado con tu formación sentimentalmente más próxima -paradojas de la ley d'Hondt aparte-, ¿por qué no depositar tu confianza en Ciudadanos? ¿O en Unión, Progreso y Democracia? Por déficit de demanda no podréis alegar objeciones.

PD: por cierto, y desmitificando un mantra sostenido por la derecha neoliberal desde fines de los años setenta hasta la extenuación. "Las empresas son las que crean puestos de trabajo". Pues no, señor. J. M. Keynes bien lo ilustraba del siguiente modo: al tratarse la economía de una estricta cuestión de estado de ánimo, es la ciudadanía la que genera actividad, por tanto beneficio, y, finalmente, empleo. Y mayor será, conforme el incremento de los salarios resulte más significativo. La demanda interna se fortalecerá, el consumo, también, ello acarreará el requerimiento de contratación de nuevos puestos de trabajo, etcétera. Y no se olviden del gran olvidado en nuestro país: el empleo público, gracias al cual el 30-35% de nuestro PIB se sostiene. Y por empleo público no aludo únicamente al funcionarial, sino al del cuarto pilar del Estado de Bienestar, defenestrado por completo en España: Dependencia, Servicios Sociales; Guarderías y Educación Pre-infantil, como soporte de oportunidad para la igualdad de género, y de condiciones de trabajo (y salarios) entre el hombre y la mujer. Tres millones de empleos podrían producirse -en el medio plazo- con tal medida. Y el indirecto que ello provocaría: una mayor cuantía de trabajadores de lo público equivaldría a un mayor número de consumidores, con rentas prestas a ser dispuestas a ser invertidas en actividades (privadas) de consumo y producción. Y así, ad infinitum.

Un cordial saludo. Y aguardo a que hayan aprendido, al menos, a equidistar fabulaciones de la realidad que nos asola en nuestro devenir diario.

Un placer. Y Feliz Año Nuevo.
 
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Reflexión acerca de las condiciones del tercer acuerdo de rescate a Grecia

Hechos consumados:

a) La Troika (compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional), desde 2010, era plenamente consciente de la imposibilidad material, por parte de Grecia, de asumir el pago íntegro de la deuda que acumulaba desde la década anterior en la que, durante los años de gobierno de Nueva Democracia, de la mano del primer ministro Caramanlis, y a fin de propiciar la entrada en la UEM (Unión Económica y Monetaria), falseó descaradamente durante años las previsiones de crecimiento económico sobre el PIB y el déficit público del país. Todo ello alimentado bajo una bubuja financiera alentada por las principales entidades financieras de los Estados miembros más importantes de la UE (con Alemania y Francia a la cabeza) la cual, tras estallar, originó la acumulación de unos activos tóxicos por parte de éstas últimas que no podían permitirse preservar sin ningún tipo de contrapartida que compensara las cuantiosísimas pérdidas que les habían granjeado.

b) ¿Qué determinaron acometer? Muy sencillo: socializar las pérdidas del sector financiero resultantes de dichos activos tóxicos, convirtiéndolas en ganancias, convirtiendo, en cambio, a la población griega, como contribuyente y a través de sus impuestos, como principal canalizadora de los flujos de recuperación de dicho capital. Comprometiendo, con ello, el bienestar presente y futuro de los helenos, con las consiguientes mermas en sanidad, educación, Administración Pública y Estado del Bienestar. En resumidas cuentas, y contraviniendo las previsiones triunfalistas del FMI en sus informes años atrás, la contracción del Producto Interior Bruto de Grecia ha ascendido, tras el tijeretazo decretado por los 'hombres de negro', a un total de un 27% (aproximadamente) de su riqueza nacional. Creían, desde los organismos económicos internacionales y los 'gurús' neoliberales, en 2009, que únicamente le supondría a este Estado un agujero de un 4%. Y sus responsables no han dimitido, ni han asumido responsabilidades de ningún género.

c) Los ejecutivos del PASOK y de ND (Papandreu, Samarás) acataron sin rechistar las prescripciones citadas en el párrafo anterior durante siete años de privaciones, dolor, sufrimiento y empobrecimiento atroz para la ciudadanía a la que se afanaban en representar sobre el papel, sin visos de atisbar la luz al final del túnel. ¿El resultado? La extrema derecha reemerge (Amanecer Dorado) y brota, como contestación social a la socialdemocracia, entregada por completo y de un modo acrítico al dogma del pensamiento único neoliberal, una coalición de partidos de izquierda, ya presente en las instituciones del país, aun con un porcentaje de voto y escaños muy reducido, cuya denominación corresponde a Syriza (Izquierda Radical, del término raíz, a la hora de atajar los problemas públicos desde el mismo). En apenas unos cuatro años, fluctúa de una estimación de voto de apenas un 3-4% a otra cifrada en un 25-28%, rebasando al Movimiento Socialista Panhelénico como principal organización política, referente de izquierdas, en 2012, con un nuevo triunfo de Samarás, agitando el mantra del discurso del miedo, hasta que, en enero de este año, se alzó con un triunfo inapelable -sin mayoría absoluta, aunque representado con una prima de escaños más abultada de la que debiera haber recibido en un sistema proporcional puro, al obtener el vencedor cincuenta actas de forma directa, a fin de garantizar la gobernabilidad y la estabilidad política-.

d) Desde ese mismo punto culminante, la Troika, omnipresente en las instituciones y órganos de decisión comunitarios, procura, a través de mecanismos de presión de diverso calado -medios de comunicación, prensa, declaraciones públicas- instalar un clima de tensión permanente sobre el nuevo gobierno, con un doble propósito perseguido: para la derecha neoliberal, para truncar la plasmación, con éxito, de una alternativa al principio TINA (There is no alternative), que pondría en evidencia el fracaso en lo empírico de la austeridad auspiciada por el poder financiero y sus think-thanks de resonancia; y los socialdemócratas, temerosos de verse desplazados, y arrinconados, por su izquierda, hasta desembocar en su práctica residualidad político-electoral, al haberse constatado su condición de alfombra colaboracionista para con la consolidación del modelo del Estado de mercado vigente en nuestros días. Así que, desde el primer día de negociaciones con la nueva Administación griega en Bruselas y Estrasburgo, la teoría del juego de la gallina entra en acción: amenazas de la llegada del pandemónium, del corralito, de la fuga de capitales, poniendo el foco sobre la presunta intransigencia e incompetencia de unos advenedizos 'recién llegados' a las esferas de poder como los hombres de Tsipras.

e) Pero la realidad se muestra tozuda, y es la siguiente: de la mano de Varoufakis, ministro de Finanzas griego, el Gobierno de Syriza no se pliega, proponiendo iniciativas para fraguar un acuerdo para, entre otras premisas, alcanzar una reestructuración de la deuda griega, pues, gran parte de la misma, con los acreedores, se incrementa en base a intereses de pago de la misma, en una espiral ad aeternum que nunca acaba, como una bola de nieve. Se plantea, no el impago a los acreedores, sino la conversión (mediante una quita) de los intereses en deuda canjeable por proyectos de inversión al servicio del interés general y de sus ciudadanos. Esta operación ya la padeció, a mediados de 2000, Ecuador, consiguiendo salir del pozo en el que se hallaba sumido. A Alemania, tras la Segunda Guerra Mundial, se le condonó parte de la deuda contraída con los aliados para posibilitar su despegue económico, clave para su posterior conversión en locomotora de Europa. Y a Grecia aún se le debe, por el país teutón, una indemnización por los atentados contra los derechos más elementales, perpetrados por los nazis en su suelo. Pero de ello nadie se pronuncia.

f) Grecia presenta una propuesta: rebajar el gasto en Defensa (¡el más elevado de la UE, por encima de naciones como Reino Unido, Alemania y Francia!) y no hacerlo a costa de pensiones e impuestos, como el IVA, que gravan sobre productos básicos de consumo para las familias. Pero Alemania lo rechaza. ¿Por qué? Muy sencillo: ¡Grecia compra material de guerra a empresas alemanas desde hace décadas, por un precio de importe (con intereses) manifiestamente superior al de su valor real de mercado! La excusa (que también propaga el Ejército griego interesadamente, para que su presupuesto no mengue y su estatus no se resienta): blindar a Grecia frente a la amenaza latente de su archienemiga histórica Turquía. Y acerca de esta cuestión los mass-media españoles, ni una palabra al respecto.

g) Tsipras aboga por la convocatoria de un referéndum consultivo, para que, como bien sostiene Josep Ramoneda, en un contexto de parálisis entre dos partes negociadoras, quien asuma el turno de la palabra definitiva sean, soberanamente, los ciudadanos: y éstos hablaron. NO. En una proporción de 60-40. A resultas de ello, todo parece indicar una muestra de respaldo del pueblo heleno a la posición de su Gobierno, y una expresión de rechazo a la intransigencia e iniquidad de la Troika.
h) Varoufakis había prometido dimitir de prevalecer en las urnas la opción afirmativa: no habían transcurrido ni veinticuatro horas, cuando nos enteramos de que había renunciado, tras el triunfo de la apuesta por la que él había abogado, a fin de allanar los obstáculos en los puentes de entendimiento futuros con la Unión Europea. El Presidente del Eurogrupo, el socialdemócrata holandés Jeroen Dijsselbloem, prosigue en su cargo.

i) El Fondo Monetario Internacional (en medio de presiones de Alemania para que no lo revelara públicamente) y la Administración Obama comienzan a persuadirse del dislate que supondría conllevar a un punto de no retorno la unilateralidad de la Troika a fin de conllevar al precipicio a los griegos, mostrándose más flexibles y planteando, si cabe, un mínimo esbozo de reestructuración de la deuda.

j) El pasado 13 de julio se nos informa de que el Gobierno Tsipras, tras diecisiete horas de interminable deliberación, es consciente de que Alemania pretendería, de la mano de la afirmación apostillada por su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, poner en tela de juicio el mantenimiento de la moneda única a consentir la recuperación de las pérdidas detentadas por los bancos alemanes. El pangermanismo, de nuevo, por tercera ocasión en nuestra historia, en primer plano. Y acepta una resolución que supondría para su población la privatización de activos públicos valorados en 50.000 millones de euros (sector energético, eléctrico, de las telecomunicaciones...), la reforma del mercado laboral, ampliando la edad de jubilación a los 67 años, la reforma del sector financiero, la congelación de las pensiones hasta 2021 y la legislación, previamente supervisada por los acreedores financieros internacionales, de cuestiones como la negociación colectiva, la huelga y la Administración Pública. Es decir, ha claudicado por completo, acomodándose a unas condiciones aún más severas que las inicialmente contenidas en la oferta del Sí en la consulta popular. Hoy se conoce que Varoufakis le planteó al primer ministro griego un programa alternativo, y lo desechó, perdiendo su confianza en él. Y sopesa remodelar su Gabinete, prescindiendo de los ministros contrarios a la medida, la cual ha ocasionado un pesar tremebundo en la coalición de gobierno.

Señoras y señores, esto ha tenido lugar esta semana en Europa. El autoritarismo posdemocrático ha adquirido molde y forma: unas instituciones supranacionales, las cuales, y con la excepción del Parlamento Europeo, no han sido democráticamente electas, en manos del poder financiero, cerradas en banda por completo a una mínima, siquiera, reconfiguración del poder político, económico y social en el continente, pues no están dispuestas a ceder un ápice en la reforma de un sistema desregulado hasta el infinito generador de unas desigualdades de renta y riqueza crecientes en el tiempo, de las que no se han librado ni los países de la órbita Beveridgiana (Noruega, Suecia, Dinamarca) que, sin embargo, a ellos les generan beneficios (en el mercado especulativo). El proyecto político de una Europa común, solidaria, moderna, avanzada y cosmopolita, la que tanto soñó en su día, en el siglo XVI, Andrés Laguna, ha muerto. ¿Existió alguna vez, o siempre y cuando la voluntad altiva y arrogante de Alemania coincidiera con la de los intereses geopolíticos y geoestratégicos de la UE? ¿En qué ha quedado el Tratado de Roma, fundacional de este artefacto institucional, cada vez más irreconocible?

En resumidas cuentas, no parece traslucirse alternativa alguna al rodillo implacable de la derecha neoliberal en Europa. Tsipiras caerá, como hicieron Zapatero u Hollande -que proseguirá vegetando en medio de la aporía de la nada, hasta su descabalgamiento en 2017, con motivo de las próximas presidenciales galas-, en su día. Y sin posibilidad de alternativa, la democracia no es más que un juguete roto, una pantomima, un cliché para la galería, que entretiene a quienes disfrutan de él, pero que no entraña utilidad para lo que debiera: resolver los problemas más acuciantes y urgentes de los ciudadanos, a quienes debieran (en teoría) servir.

Y así, la democracia se muere. Y aterriza el fascismo y la reedición de un ominoso pasado del que pareciéramos no haber extraído ninguna lección al cabo del tiempo. ¿O acaso aquélla ya no permanece sepultada desde hace años, sin que nos hayamos percatado de su defunción, mientras ésta se gestaba a fuego lento? A ver si el único tildado de loco en los noventa en España, cuando planteó las inconveniencias de la integración económica sin su correlato político (Julio Anguita), ha resultado portar consigo la bandera de la razón, como Pepito Grillo en nuestra conciencia.

Un cordial saludo a todos.
 
La crisis del sistema financiero internacional de 2007: causas y consecuencias

Descripción narrada de la crisis del sistema financiero internacional (y español, con una descripción somera de las disfuncionalidades de su modelo económico-productivo) acaecida desde 2007, por la cual los países periféricos de la Zona Euro (aunque tales fenomenologías podrían, fácilmente, ser exportables a todo el planeta en su conjunto) han contraído años de severa contracción en sus indicadores de desarrollo económico, bienestar social y equidad en la distribución de los recursos y, consiguientemente, en las expectativas de futuro de los pueblos de Europa más castigados y azotados por el tsunami: Grecia, Portugal, España e Irlanda, fundamentalmente.

1. Años setenta: estalla el crack financiero de 1973, también conocido como "crack del petróleo". A pesar de ser generado por un exceso desmedido de stock de producción (o de oferta) por parte de las empresas que operan en el concierto internacional, la literatura económica lo aduce erróneamente a lo que consideran "un excesivo alza de la masa salarial, producto de los treinta gloriosos años del keynesianismo puesto en práctica tras la Segunda Guerra Mundial, consistente en la potenciación de la demanda interna como mecanismo estimulador de la economía de un país, gracias al consumo, capaz de financiador los gastos del Estado del Bienestar y potenciar el crecimiento económico y el pleno empleo". Consideran que ese pacto social capital-trabajo debe acabar, pues el "enemigo declarado" a combatir, el socialismo real, tarde o temprano dejará de constituir una amenaza para las rentas del capital que, temerosas de un estallido revolucionario, optaron en los años cuarenta por un acuerdo de mínimos con el trabajo en aras de desdibujar del horizonte tal escenario.

2. Para ello, se alienta el nacimiento de un nuevo movimiento político auspiciado por think-thanks de ideología dogmática, empleadora de tecnicismos matemáticos rimbombantemente sonoros y de impacto proverbial que no hacen, en cambio, sino ocultar a ojos del gran público, las enormes insuficiencias y fragilidades de su canon de pensamiento tal y como, décadas más tarde, las evidencias empíricas y estudios confirmarían: el neoliberalismo. Sus paladines son Margaret Thatcher, quien triunfa en 1979 en el Reino Unido; y Ronald Reagan, en las presidenciales de 1980 en Estados Unidos. Su mantra es tan falsario como claro y diáfano, reiterado y mediáticamente bombardeado, sin oposición, en un creciente contexto de concentración en cada vez menores manos de los principales medios de difusión y comunicación: para propiciar un crecimiento económico sin fin e ilimitado, deben extinguirse las trabas a las exportaciones y a los movimientos del capital financiero; desregularse los mercados financieros y de trabajo; moderar o reducir drásticamente los salarios; limitar la imposición al empresariado; intervención mínima del Estado en la economía. Los sindicatos son considerados como un obstáculo al progreso y la inversión. Se institucionaliza, así, la filosofía del "más, por menos". Comienzan a gozar de amplia cobertura conceptos tales como "competitividad, productividad, mérito, externalización, privatización, deslocalización".

3. Desde 1979 hasta la etapa que hoy nos asiste, es decir, en poco más de treinta y cinco años, y siguiendo fielmente la nueva religión abrazada y descrita fielmente líneas atrás, se promueven las siguientes iniciativas: la desregulación del sistema financiero y monetario internacional; la creación de procesos de integración supranacionales (como la UE) con una lógica casi estrictamente económica y financiera (y no política); la libre circulación de capitales -siempre que provengan del Primer Mundo, subvencionando a las compañías para protegerlas de la competencia de otros países, pero no así con las del Tercer Mundo o la periferia mundial- (pero no de personas); la retirada de restricciones tales como aduanas, aranceles y control sobre las transacciones financieras internacionales. Supresión de medidas proteccionistas garantes de los intereses nacionales frente a la competencia del exterior. Y ya a fines de los noventa, en la Unión Europea, con el Tratado de Maastricht, fijación de unos criterios de convergencia para la entrada en la moneda única (el euro) que suponían, en suma, la incapacidad del país para la devaluación de su moneda y así hacerla más competitiva (política monetaria, en manos del BCE), quedando únicamente en sus manos la política fiscal, teniéndose presente que debía cumplir una serie de principios: no superar un determinado techo de gasto público (3%); una determinada cuota de deuda pública (por debajo del 60% PIB) y controlar la inflación.

4. El gran beneficiado de este proceso fue, sin duda, la banca. Pues, no mucho tiempo más tarde, y comprobando que las recetas neoliberales estaban propiciando un deterioro en el salario de las rentas del trabajo que iba contribuyendo aceleradamente a la contracción de la economía y el decrecimiento de la demanda interna en forma de consumo, y destrucción de puestos de trabajo, pudo poner en práctica su gran aspiración y para la cual sirve: expedir crédito para atajar la cada vez más voluminosa deuda privada de las familias y de las pequeñas y medianas empresas para hacer frente así a sus múltiples necesidades sociales. Pero el problema estribaba en que, con ello, iba propagando una bola de nieve que terminaría salpicando a todos, sin excepción: la deuda privada de la que tan poco se pronuncian los "expertos" económicos de nuestro tiempo.

5. Así, a mayor crédito concedido a un interés determinado, mayor beneficio otorgado a la entidad financiera, aunque ello suponga poner en solfa la estabilidad del sistema financiero internacional. Sí, es así: conscientes de la bicoca que se les presentaba, y conocedores -igualmente- de que la demanda social de bienes y servicios de la economía real no levantaba cabeza -producto de la merma en los salarios de los ciudadanos corrientes-, se preguntaron: puesto que el sistema financiero se ha desregulado, ¿no nos resultaría infinitamente más rentable y jugoso destinar nuestros excedentes empresariales, así como los réditos resultantes de los intereses de los créditos y préstamos otorgados, a financiar actividades especulativas, capaces de brindarnos un enriquecimiento rápido, instantáneo y sin necesidad de declarar ante el fisco? Dicho y hecho.

6. De ahí que, por más que se supriman figuras impositivas como las de Patrimonio, Sucesiones o Sociedades, contrariamente a lo alegado por los autores del neoliberalismo, la inversión privada no carbura nunca. No les compensa. ¿Para qué invertir en ocupación, en una economía sostenible, responsable y generadora de bienestar social al ciudadano -como antaño hacían-, si obtienen muchísimo más especulando más allá de nuestras fronteras? Además, las exenciones, bonificaciones y privilegios fiscales de los que gozan las corporaciones transnacionales y las grandes empresas en España no se condicionan a una serie de parámetros, tales como la creación de empleo, la no discriminación entre hombres y mujeres por razón de sus ingresos, o una mayor participación de los trabajadores en la toma de adopción de decisiones en la compañía. Las reciben sin proporcionar nada a cambio. Por la manida cuestión de fe de los neoliberales de que, reduciendo sus cargas tributarias, crearán empleo per se. Y no es así, como os acabo de ilustrar.

7. Pero no se contentaron con lo ya sugerido. Querían más. Y amén de ello no iban a cesar en su empeño hasta conseguirlo. Al conceder crédito sin límite inflando la deuda hasta límites insoportables, en realidad, estaban forjando una serie de burbujas (la inmobiliaria, la de los trenes de alta velocidad) en las que el dinero aparentemente conferido al destinatario no eran sino papeles virtualmente carentes de efectivo y valor alguno en términos pecuniarios pero que, en el supuesto de mediar el estallido final resultante de ese globo desaforado, las obligaciones de pago, persistían.

8. Y así sucedió y tuvo lugar. Los bancos y entidades de crédito privados, sabedores de que cobijaban en su fuero interno activos tóxicos de procedencia dispar y diversa, no legal -y en ocasiones vinculada a la delincuencia global organizada-, optaron por librarse de ellos. Pero, ¿de qué manera? Muy sencillo: haciendo creer a los ingenuos clientes de la inocuidad de los mismos y de los riesgos severos que contenían. De este modo, surgieron exponentes tales como las hipotecas sub-prime, NINJA, los hedge funds, las operaciones al descubierto. Asismismo, encubieron activos tóxicos en otros de próbida confianza, en cuanto se hallaron concernidos de la proximidad de la catástrofe que se vislumbraba en el horizonte.

9. Y os preguntaréis: ¿y los organismos, entes y responsables públicos encargados del control, fiscalización y garantía de la seguridad, confianza y transparencia del sistema? Mirando para otro lado, como el Banco de España, por ilustrar un buen ejemplo de ello. Además, la banca privada abogó por la creación de unos sujetos sumamente célebres en la era en la que residimos: las agencias de calificación, o de rating (como Fitch, Standard & Poor's, Moody's...). ¿En qué residía su cometido? Fácil: emitir informes, valoraciones y estimaciones, que no hacían sino resaltar la integridad, fiabilidad y solvencia de los productos financieros lanzados por la banca, tóxicos finalmente revelados, para así disipar cuantos elementos de duda pudieran haber cabido en el subconsciente de los acreedores, inversores, accionistas y ciudadanos de a pie. Actuaban, por tanto, como cómplices necesarios en la trama orquestada con pulcra definición y detalle.

10. Año 2008. Brota el escándalo de Lehman Brothers en Estados Unidos, y, como una centella, traspasa las fronteras hasta abarcar al conjunto del planeta en su cuasi totalidad. Las alarmas no hacen sino detonarse, confirmándose los peores presagios. Las pequeñas y medianas empresas no pueden hacer frente a los préstamos por atender; muchos ciudadanos, endeudados e hipotecados; puestos de trabajo, destruidos; el desempleo, desatado en umbrales históricos inimaginables (en España, con tasas superiores al 24%). Los ingresos recaudados, evidentemente, comienzan a menguar estratosféricamente. El Estado debe hacerse acopio de la atención de las contingencias de exclusión social de su ciudadanía en un contexto adverso. El déficit privado se convierte en déficit público.

11. Pero... ¡oh, sorpresa! El Banco Central Europeo (BCE), contrariamente a la Reserva Federal Estadounidense o a la entidad equivalente en Japón, decide no brindar liquidez a un interés mínimo a los Estados Miembros de la Unión Europea necesitados acuciantemente de tal solución, en pos de sortear tales dificultades crecientes. Mario Draghi encabeza, desde 2011, tal organismo. Draghi, quien fue miembro de Goldman Sachs, fondo privado de inversión que durante años fue asesorando a los gobiernos griegos en su estratagema de falsear y maquillar sus cuentas presupuestarias, como requisito sine qua non para su ulterior ingreso en el Euro. Circunstancia que propiciará la intervención y rescate de dicho país por la Troika.

12. La banca privada asume el rol que debiera haberle correspondido al BCE: concede préstamos a los Estados directamente (y no a las pequeñas y medianas empresas a fin de reactivar la economía real). Pero a cambio de intereses leoninos e impagables. De no ser atendidos en el plazo pertinente, mediará el rescate de dicho país, algo que le interesa encarecidamente a la banca internacional en última instancia: pero no es el rescate de los ciudadanos y de su interés general, sino el de la restitución, hasta el último céntimo de euro, de las deudas que el Estado contiene con la entidad financiera. Como contrapartida, éste deberá ajustar draconianos recortes en el Estado del Bienestar: sanidad, educación, dependencia, Administraciones Públicas, que no harán sino deprimir, aún más si cabe, tan horripilante escenario retratado.

13. Pero he aquí otro problema más gravoso: la entidad financiera adquiere títulos de deuda pública a cambio de su "ayuda" al Estado de turno. Sin embargo, aquélla puede venderlos al mejor postor de la forma en que le plazca. Con lo que el Estado tendrá que vérselas con un tercero, y así sucesivamente, de identidad sumamente desoladora: un brocker financiero especulador capaz de atacar a un país desguarnecido por el BCE y desprotegido frente a las inclemencias de un concierto de hegemonía absoluta del mundo de las finanzas y sin mecanismos de regulación ni control públicos, ocasionando la muerte de miles de personas en el planeta (a través del alza, provocada y deliberada, en el precio de los alimentos, o de la electricidad, pues éstos son determinados igualmente en el mercado, casi sin frenos de ningún tipo por los agentes reguladores públicos).

14. Todas las tropelías aquí referidas no son, en su mayoría, conocidas por el grueso de la opinión pública en Europa (y, por extensión, en el mundo). Debido, fundamentalmente, al omnímodo grado de tutela del poder económico-financiero sobre el ámbito de la política, la información, los mass-media, y su habilidad a la hora de justificar sus acciones en el ámbito de lo mediático-cultural. En términos generales, los neoliberales esgrimen que tales medidas son implementadas como la única vía, el único camino y salvoconducto imaginable, desechando las alternativas existentes. Y, como lo aderezan con un corifeo de voces tan múltiple, y sobre todo, tan reiteradamente permanente sobre nuestras conciencias, asi como con una parafernalia presuntamente científica y metódica, son asumidas acríticamente por un espectador carente de acceso a fuentes y autores alternativos, o de disponibilidad (o, bien, voluntad) de información como algo verdadero e irrebatible. Cuando no es en realidad así.

15. Una última muestra: entre 1945 y 1979, en plena etapa keynesiana y de consenso socialdemócrata, con un sistema financiero regulado y unos esfuerzos empresariales fundados en la inversión productiva garantizadora del bienestar social colectivo, sólo estallaron cinco crisis. Desde 1980 hasta 2015 (era de hegemonía del pensamiento neoliberal), hemos debido padecer... ¡¡¡113!!! Ustedes juzguen, y emitan sus conclusiones.

En próximas jornadas, mi radiografía de la situación española.


Un placer.
 
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