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El Quilombo de Palmares (Brasil); la persecución de un sueño compartido: la libertad

Buenos días,

He optado por aportar una visión de conjunto más detallada, prolija y pormenorizada acerca de una forma de organización política y modo de concepción de vida en comunidad llamativamente novedosa para la época y para el contexto histórico que contempló su alumbramiento, como supuso la emergencia a tal efecto de los quilombos, que, tal y como sostenía en el enlace anterior (titulado ¿Sabías que…?), adquirían la denominación de repúblicas participativas protagonizadas esencialmente por esclavos afroamericanos radicados en la región del Cono Sur latinoamericano.

Origen de los quilombos

Empero, la cuestión inicial a dilucidar debería ser la siguiente: ¿cómo proliferaron tales estructuras políticas y qué antecedentes propiciaron su estallido definitivo? A mediados del siglo XVI, comenzaron a ser deportados, procedentes de África, esclavos, para ser destinados rumbo al Nuevo Continente, dada, fundamentalmente, la carestía cada vez más lacerante de efectivos indígenas prestos a desempeñar labores como mano de obra en los territorios colonizados. El método a partir del cual se consumaba ese proceso no podría ser catalogado más que como ignominioso: eran extraditados en condiciones aberrantes, mediando prácticas vejatorias, de sus ubicaciones de origen, para ser confinados con destino a una diversidad de países de la zona (Brasil, Caribe, Panamá, Perú, Argentina, Paraguay, Uruguay, etcétera). Huelga decir que una porción considerable de las personas sujetas a dicho régimen perecía en el camino, pues debían ser transportados en buques en los que las condiciones mínimas de higiene, alimentación y cuidados paliativos brillaban por su ausencia, acarreando consigo la contracción de múltiples enfermedades e infecciones.

Aquellos venturosos afortunados que sobrevivían al envite descrito con anterioridad, se hallaban abocados a su subasta en los denominados mercados de trata, siendo adquiridos por hacendados españoles o portugueses a precio de saldo. Una vez finiquitada la puja, el esclavo se predisponía inmediatamente a rendir sumisión completa a su amo, debiendo acatar todas sus prescripciones, llegando éste último a proveerse del control y designio de la propia vida de aquél, pudiendo ofertarlo de nuevo al desear prescindir de sus servicios, obteniendo con ello una plusvalía a modo de ganancia que le permitiera al hacendado rentabilizar la inversión producida.

Una vez integrados en la hacienda del patrón, a cada esclavo se le proporcionaba un inmueble en el que poder instalarse: los barracones, sumamente frágiles y escasamente confortables. El hacendado les garantizaba alimento y derecho a la vivienda a cambio de los frutos derivados del trabajo (sin retribución) en el seno de la fortificación. Por ello, el reparto de las tareas era sumamente simple: los varones se responsabilizaban de las actividades productivas de mayor intensidad y esfuerzo, mientras que las mujeres se encargaban de las labores de índole doméstica, o, en su defecto, a la recogida de la cosecha en las tierras de cultivo explotadas. A cambio, los esclavos no podían residenciarse extramuros de dicha franja, pues, de lo contrario, se hallaban abocados a unas prácticas de tortura -que rayaban inclusive la amputación de partes del cuerpo- que terminaban disuadiéndoles de la tentativa.

Esta situación permanecería inalterable según lo narrado hasta comienzos del XIX. Sin embargo, ya plenamente enfrascados en la centuria precedente, en la del XVIII, brotaron manifestaciones de descontento y resistencia entre las comunidades de esclavos al yugo opresor resultante que coadyuvarían a la cristalización de una forma de manifestación popular que terminaría consolidándose como alternativa, hasta edificarse a partir de ello como respuesta un modelo tan apasionante como inédito en la fecha declarada: los quilombos, el más preeminente y de mayor tamaño de los cuales fue el instalado en Palmares, en Brasil, entre 1580 y 1710, cuya población ascendía a unos 15.000 exponentes rebeldes provenientes de diversas aldeas aledañas que se habían fugado de las plantaciones controladas por los encomenderos portugueses.

El Quilombo de Palmares (Brasil)

Ese territorio -de inexpugnable acceso y de difícil embocadura a fin de apuntalar las expectativas de aguante de las aldeas que lo agrupaban ante los embates sinnúmeros por parte de tropas mercenarias al servicio de los esclavistas a los que tenían que hacer sus miembros- el Quilombo de Palmares, supuso un área libre de esclavitud en el que sus moradores cimentaron una comunidad autogobernada y autónoma, cuya principal fuente de riqueza y aprovisionamiento era la agricultura. Su gestación fue producto de la promesa de concesión de libertad otorgada por las autoridades lusas a aquellos esclavos que manifestaran su inclinación de adherirse a las tropas portuguesas que, en 1630, debían medirse a las holandesas, que se habían anexionado el nordeste brasileño, concretamente la región de Pernambuco y fue consolidándose por las buenas aptitudes que, como líderes, ejercían algunos ex esclavos al frente de la comunidad recientemente generada.

En términos de organización política, cada aldea (mocambo) se hallaba gobernada por un conjunto de jefes, los cuales debían designar al líder que asumiera las funciones de máximo representante de la comunidad en su conjunto. La igualdad efectiva entre todos sus ciudadanos, resultante de la vida comunitaria, aunque en teoría se predicaba tanto para el trabajo como para el reparto del alimento y el comportamiento social y moral, no resultó ser firme en su totalidad, dado que algunos esclavos desertados de haciendas portuguesas preservaban su estatus inicial, en esta ocasión sirviendo a la élite del quilombo. Además, ésta gozaba de un estatus privilegiado en el sistema de estratificación social de la comunidad, al gozar del derecho de posesión de tierras y sirvientes, potestades negadas a aquéllos que no hubieran detentado cometidos nobiliarios o guerrilleros con anterioridad a la esclavitud. El censo de población de los quilombos prosiguió su curso ascendente, dado que las nuevas remesas de esclavos incorporados por los portugueses, en cuanto se les antojaba propicia la coyuntura, aprovechaban la coartada en aras de huir del lugar y ser cobijado por sus pretéritos correligionarios de incursión, quienes les unía el haber compartido la misma experiencia de privación de libertad y ausencia absoluta de respeto hacia su integridad personal ymoral, así como la salvaguardia de sus derechos fundamentales en la etapa colonial.

Aparte de lo anterior, en los propios quilombos se orquestaban minuciosamente expediciones consistentes en la liberación –mediante luchas encarnizadas con los hacendistas- de esclavos existentes en tales fortines, algunas de las cuales se saldaban con éxito, dado el requisamiento, bien de armas, bien el recurso a la táctica premeditada de la guerrilla, o el excelente conocimiento de la orografía del terreno, provocando infinidad de bajas en cuanto a efectivos personales y materiales y auténticos quebraderos de cabeza a los agentes desplegados por los metropolitanos. Dos jefes políticos prevalecieron sobre el resto: Ganga Zumba, cuya mayor contribución a su pueblo estribó en reconvertir el quilombo en aldeas fortificadas para así cerciorar su protección de las insistentes incursiones portuguesas; la práctica de la ganadería y el comercio en pequeña escala como sectores de producción capitales para el abastecimiento y provisión de recursos, aparte del ya comentado de la ganadería preexistente; y la construcción de un palacio en el que ejercitar su cometido como líder y facilitar el asentamiento de una Administración incipiente en Macaco (convertida en sede y capital del quilombo de Palmares) y su sucesor en el desempeño del cargo, su sobrino Zumbi, el cual asumió las riendas de la situación tras el envenenamiento de Zumba poco después de haber aceptado una sugerencia de las tropas portuguesas, consistente en la concesión de tierras a cultivar por los ex esclavos, a cambio de su subordinación a la autoridad lusa.

Zumbi desplegó en todo momento unas dotes sobresalientes de erudición e inteligencia, tanto en el frente de batalla como en los asuntos internos de la comunidad, refinando exitosamente los avances conquistados en el mandato de Zumba, fundamentalmente en el plano de la Administración, la cual modernizó sobremanera, así como en la apuesta por tácticas de ataque por sorpresa, supliendo la tradicional defensiva de guerrillas. A pesar de tales elogios, su negativa pertinaz a entablar puentes de negociación y de entendimiento con los portugueses (en consonancia con los incidentes registrados en el pasado) condujo a éstos a abogar por la aniquilación completa de sus adversarios. En 1695, murió emboscado por tropas portuguesas tras haber recibido la traición de uno de sus compañeros de armas, siendo decapitado posteriormente y expuesta su cabeza como trofeo en Recife, y en 1710, los últimos focos de oposición del quilombo fueron derribados hasta decretar su destrucción por las milicias lusas.

Conclusión personal

Y aquí concluye este apasionante relato de una aspiración aparentemente utópica e irrealizable (a priori) en los zozobrantes tiempos que hoy circulan para nosotros, mutada en realidad por el heroísmo valeroso de unas personas dotadas, cada una de ellas, en su justa medida, del amargo hierro fundido de la sumisión y la dependencia por factores ajenos a valores de tipo ético, cívico y humano que, tras tomar consciencia en sí de su malogrado destino, y habiendo aunado fuerzas en la determinación de un futuro más halagüeño, y sin tener nada elementar que perder, pues la dignidad les había sido cercenada desde su propio arranque, fundaron, entre todos, los cimientos de una estructura sólida más fraterna, equitativa (dentro de sus límites, como hemos observado), legítima y justa que, por azarosos envites de la propia historia (y los errores consustanciales a la imperfección del ser humano) no perduró eternamente. Pero los ecos, los resuellos de la proeza de un sueño alumbrado aún perduran impresos en el horizonte, y que demostraría que tal aspiración no resultó del todo baldía, pues persiste en nuestra memoria, en una parte –aún remota- de nuestra cultura, de nuestra esencia, aun severamente amenazada por la oleada globalizadora, como la siguiente afirmación – esgrimida por una paisana de la zona- puede constatar.

"En Jauary, mi comunidad, se conserva la danza aiué. En muchos quilombos, todavía se baila el lundun africano", asegura Nilza, esposa de Hugo. La misa de los quilombos, según Nilza, un canto muy popular en la iglesia de Jauary, resume la diáspora dolorosa de los esclavos de Brasil: "Estamos llegando del fondo del miedo/del exilio, de las minas, de la moche/de la carne vendida/del azote de los mares".

Quizá deberíamos extraer una lección valiosa de este episodio, y aprender que el hombre, persuadido de la realidad de su tiempo y del entorno en el que reside y en compañía de otros tales como él, igualmente convencidos, puede invertir la dinámica de los flujos de la historia en provecho y al servicio de todos. De la comunidad. Y erradicar los fenómenos de dominación y arbitrariedad que se ceban contra los más vulnerables. Sólo si reside en ello su empeño. Y su voluntad. En definitiva, la confianza en la reacción a la injusticia, lo que nos hace entrañables. Únicos e irrepetibles.


Un placer.
 
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