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Porque Invincible jamàs fue un gran èxito popular ?

JayLennox

Panemyeísta
Alguien más debe haberlo dicho ya, pero la no inclusión de Blue Gangsta prueba que Michael se estaba reservando lo mejorcito para proyectos fuera de Invincible; tiene más sentido si vemos que en el disco solo hay dos temas compuestos por él y sin ser malas canciones, no son la gran maravilla. Parece que en las etapas finales, tal vez en el último año de producción, Michael le fue perdiendo fe a Invincible y lo dejó escaso de material propio para lucirse con otro proyecto cuando tuviera la oportunidad. De cara al público obviamente siempre iba a decir que era el grandioso disco y todo el rollo, ningún artista habla mal de un producto suyo.

Que no esté Blue Gangsta pero sí Heartbreaker, Privacy o You are My Life es una tontería. Claro que nadie lo sabía en su momento, con la salida de Invincible todos asumieron que la genialidad de Michael se había perdido; uno se da cuenta de que no es así cuando empezaron a salir los descartes.
 

Nafeesha

HideOuter Hiperactivo
Alguien más debe haberlo dicho ya, pero la no inclusión de Blue Gangsta prueba que Michael se estaba reservando lo mejorcito para proyectos fuera de Invincible; tiene más sentido si vemos que en el disco solo hay dos temas compuestos por él y sin ser malas canciones, no son la gran maravilla. Parece que en las etapas finales, tal vez en el último año de producción, Michael le fue perdiendo fe a Invincible y lo dejó escaso de material propio para lucirse con otro proyecto cuando tuviera la oportunidad. De cara al público obviamente siempre iba a decir que era el grandioso disco y todo el rollo, ningún artista habla mal de un producto suyo.

Que no esté Blue Gangsta pero sí Heartbreaker, Privacy o You are My Life es una tontería. Claro que nadie lo sabía en su momento, con la salida de Invincible todos asumieron que la genialidad de Michael se había perdido; uno se da cuenta de que no es así cuando empezaron a salir los descartes.
Tampoco es que lo pruebe porque también se han dejado temazos en otros discos fuera.
Lo cierto es que hubiera sido un bombazo como single Blue Gangsta con un video del estilo de You Rock My World o Smooth Criminal.
 

JayLennox

Panemyeísta
Tampoco es que lo pruebe porque también se han dejado temazos en otros discos fuera.
Lo cierto es que hubiera sido un bombazo como single Blue Gangsta con un video del estilo de You Rock My World o Smooth Criminal.
Claro, en otros discos se dejaron temazos fuera porque el album ya estaba a tope de grandes canciones. Caso contrario a Invincible que no tiene casi nada de MJ... Esa es la diferencia.
Y para no perder la costumbre: Rodney Jerkinzzzzz
 

Nafeesha

HideOuter Hiperactivo
Claro, en otros discos se dejaron temazos fuera porque el album ya estaba a tope de grandes canciones. Caso contrario a Invincible que no tiene casi nada de MJ... Esa es la diferencia.
Y para no perder la costumbre: Rodney Jerkinzzzzz
A mi me gustan los otros álbumes tal y como están porque siempre
los he escuchado así, pero sin duda después de escuchar descartes, hubiera cambiado algún tema por otro o añadido alguno más en su momento.

Los créditos no dicen lo mismo. Ya sé que puede poner el nombre igual y no contribuir prácticamente en el trabajo, y que algunas demos estaban hechas, igualmente si veo a Michael en el álbum.
Por una lado tienes a gente que trabajó con él diciendo que Michael estaba ausente, que con tantos años entre disco y disco es prácticamente imposible que estuviera siempre ausente, y por el otro gente que dice que tenía ilusion y ganas puestas en Invincible. Joder, hasta hizo una firma de discos el propio MJ.

Como lo de la portada que tenemos a Karen Faye hablando mierda de que prácticamente le obligaron a Michael a hacerla de esa manera, y después tienes a Albert Watson diciendo lo contrario.

Está claro que le metieron presión los de Sony, quizás ahí fue donde hubiera podido ser un disco más redondo, me sigue pareciendo magnífico.

Te da sueño o sueñas con Rodney, nene XDD
 
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danyjackson

HideOuter Phoenix
Creo que solo dijo que Invincible fue el primer disco de MJ que escuchó completo, no el único o que sea nuevo fan. Todos tuvimos un primer disco luego de escuchar éxitos sueltos, en mi caso fue Thriller.
Claro ...en mi caso fue Thriller tambièn, luego de escuchar con sorpresa y admiraciòn temazos como Billie Jean o Beat it...a correr a comprar el cassette que era el formato predominante en esos años junto al Vinilo. Que emociòn cuando escuchabas todo completo en tu casa y descubrias con asombro que no habia relleno ...cada tema era genial e inolvidable...y que emociòn con la salida de Bad...creo el album màs esperado de la historia....todos querian saber que era lo nuevo de Michael y dicen Michael estaba aterrado por no defraudar....
 

danyjackson

HideOuter Phoenix
A mi me gustan los otros álbumes tal y como están porque siempre
los he escuchado así, pero sin duda después de escuchar descartes, hubiera cambiado algún tema por otro o añadido alguno más en su momento.

Los créditos no dicen lo mismo. Ya sé que puede poner el nombre igual y no contribuir prácticamente en el trabajo, y que algunas demos estaban hechas, igualmente si veo a Michael en el álbum.
Por una lado tienes a gente que trabajó con él diciendo que Michael estaba ausente, que con tantos años entre disco y disco es prácticamente imposible que estuviera siempre ausente, y por el otro gente que dice que tenía ilusion y ganas puestas en Invincible. Joder, hasta hizo una firma de discos el propio MJ.

Como lo de la portada que tenemos a Karen Faye hablando mierda de que prácticamente le obligaron a Michael a hacerla de esa manera, y después tienes a Albert Watson diciendo lo contrario.

Está claro que le metieron presión los de Sony, quizás ahí fue donde hubiera podido ser un disco más redondo, me sigue pareciendo magnífico.

Te da sueño o sueñas con Rodney, nene XDD
No vi la parte de las ganas e ilusiòn en Invincible...ya habia problemas con Sony....la cara de Michael firmando discos durante horas no es de mucha felicidad precisamente....creo que 2001 no fue de sus mejores años ...al contrario es de los peores creo.
 

Sly Dylan

Baneado
Michael debería haber lanzado un nuevo disco tras Invincible que incluyera Xcape como primer sencillo en 2003 con nombre Xscape. Por cierto, no les hubiera gustado escuchar una versión adulta de I'm Glad It Rained? me parece una joya de canción de la que casi no se habla.
 

Nafeesha

HideOuter Hiperactivo
No vi la parte de las ganas e ilusiòn en Invincible...ya habia problemas con Sony....la cara de Michael firmando discos durante horas no es de mucha felicidad precisamente....creo que 2001 no fue de sus mejores años ...al contrario es de los peores creo.
Por los testimonios de los que trabajaron con él en Invincible. Como siempre pasa con Michael hay diferentes versiones a eso me refería, no a que estuviera con ganas en la firma de discos. Mira lo que dice al final cuando le entregan el premio Millennium en 2000.
 
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danyjackson

HideOuter Phoenix
Por los testimonios de los que trabajaron con él en Invincible. Como siempre pasa con Michael hay diferentes versiones a eso me refería, no a que estuviera con ganas en la firma de discos. Mira lo que dice al final cuando le entregan el premio Millennium en 2000.
En realidad es muy raro lo de la firma esa , fueron muchas horas, y me da la impresiòn que fue presionado por Sony a hacer esa promociòn y que no tenia ganas de firmar nada realmente. Siempre me resultò muy extraño ya que las estrellas ya consagradas no suelen hacen esas maratones promocionales ..fueron como 4 o 5 horas de firmas no ?
 

Nafeesha

HideOuter Hiperactivo
En realidad es muy raro lo de la firma esa , fueron muchas horas, y me da la impresiòn que fue presionado por Sony a hacer esa promociòn y que no tenia ganas de firmar nada realmente. Siempre me resultò muy extraño ya que las estrellas ya consagradas no suelen hacen esas maratones promocionales ..fueron como 4 o 5 horas de firmas no ?
Sí, un poco como raro, lo que pasa que con la piratería quizás era una buena forma de vender discos originales. Ni idea si fue presionado por Sony.
También he visto artistas que han hecho entrevistas en lugares que antes no irían, etc. Estar en el top siempre es complicado.
 
Última edición:
Todos tenemos un primer disco, en mi caso la primera canción que escuche de michael en mi vida fue Will You Be There de Dangerous, por eso apesar de no ser el primer album que escuche de el, le tengo mucho cariño.
 

JFDC

HideOuter Senior
Alguien más debe haberlo dicho ya, pero la no inclusión de Blue Gangsta prueba que Michael se estaba reservando lo mejorcito para proyectos fuera de Invincible; tiene más sentido si vemos que en el disco solo hay dos temas compuestos por él y sin ser malas canciones, no son la gran maravilla. Parece que en las etapas finales, tal vez en el último año de producción, Michael le fue perdiendo fe a Invincible y lo dejó escaso de material propio para lucirse con otro proyecto cuando tuviera la oportunidad. De cara al público obviamente siempre iba a decir que era el grandioso disco y todo el rollo, ningún artista habla mal de un producto suyo.

Que no esté Blue Gangsta pero sí Heartbreaker, Privacy o You are My Life es una tontería. Claro que nadie lo sabía en su momento, con la salida de Invincible todos asumieron que la genialidad de Michael se había perdido; uno se da cuenta de que no es así cuando empezaron a salir los descartes.
Justo hoy acabo de escuchar las canciones que quedaron fuera del disco. Algunas muy bien producidas, otras están claramente inacabadas.

Pienso que había material suficiente para publicar un disco posterior a Invincible, con esas canciones, solo faltaba terminarlas.

 

Nafeesha

HideOuter Hiperactivo
Justo hoy acabo de escuchar las canciones que quedaron fuera del disco. Algunas muy bien producidas, otras están claramente inacabadas.

Pienso que había material suficiente para publicar un disco posterior a Invincible, con esas canciones, solo faltaba terminarlas.

Dicen que había 70 canciones, que podrían haber hecho un disco doble.
 

Siberian Husky

Con el alma y mente puestos en Orión (2014-2021)
Las razones por las que el álbum Invincible, en marcado contraste con respecto a sus lanzamientos previos en solitario, no haya prendido musical, ni culturalmente, en el sentir colectivo de la opinión pública, tanto en el momento de su gestación y consiguiente puesta de largo, como desde entonces, y así hasta nuestros días, no cabría imputarse a un único factor, sino a una recombinación de variables, las cuales, conjugadas de manera conjunta y coordinada en un intervalo de tiempo muy próximo, cuando no coincidente, terminarían redundando en un desenlace poco venturoso para las expectativas que la crítica especializada y la comunidad seguidora habían alumbrado en relación con la reaparición, largamente anunciada y esperada, de Jackson, tras un hiato de algunos años de barbecho y retirada estratégicamente calculada, mientras se reponía de los esfuerzos invertidos, como venía haciendo desde mediados de los ochenta, entre un proyecto y su continuación posterior. He aquí, en mi opinión, las claves del fenómeno aquí apuntado:

Más que por la tan señalada carencia de promoción, que la hubo -aunque en dosis marcadamente limitadas y testimoniales, si nos ceñimos a los estándares del solista que nos ocupa, cuyas campañas de mercadotecnia y publicidad, hasta 1995, alcanzaban un grado de difusión largamente anhelado como objeto de ensoñación por muchos otros cantantes y/o grupos, quienes, por contra, carecían de los recursos e influjo necesarios para hacer llegar su obra a una audiencia masiva por tales medios-, deberíamos aducir como uno de los elementos clave en la escasa visibilidad del último disco de estudio en activo de Michael la deficiente presencia del mismo en las estaciones de radio a través de la publicación de sencillos, fórmula que, en 2001, todavía se presumía quintaesencial en el éxito comercial imputable a un trabajo discográfico con visos de una cierta proyección y recorrido en los circuitos comerciales, con los que ir captando la atención y el interés del oyente en las canciones recién estrenadas, familiarizándose con ellas y, por consiguiente, con el conjunto del proyecto, alargando sobremanera el ciclo de vida útil -en cuanto a ventas, y, en síntesis, rentabilidad- del producto ofertado.

Mi hipótesis se ve reforzada por el hecho de que, más que por la sucesión de escándalos de signo extramusical en que devendría la existencia de Michael desde 1993 hasta su deceso -que también incidió, qué duda cabe de ello-, o como resultado de un declive crepuscular en sus prestaciones artísticas en su última década en ejercicio -que, para mí, no fue tal, en base al material que fuimos conociendo, episódicamente, entre 2001 y 2009-, Jackson comenzó a perder comba en la acogida y recepción multitudinaria de sus obras finales, por parte de potenciales consumidores y/o compradores interesados en su conocimiento de las mismas, coincidiendo con la paulatina desaparición de sus temas de nuevo cuño en las ondas, lo cual comenzó a manifestarse a partir de 1996, cuando, por motivaciones a todas luces incalificables, y tras un año anterior -1995- bastante prometedor en ese sentido, la compañía discográfica frenó en seco cualquier tentativa de preservar a HIStory en el candelero, o no atinó en el método certero de mantener su viralidad, permaneciendo en el escrutinio del ojo público (fundamentalmente, en el crucial mercado estadounidense, eje principal sobre el que siempre ha pivotado la industria), impidiendo la consecución de un rendimiento superior al que, de todos modos, finalmente obtuvo. No en vano, mientras que, durante la práctica totalidad de los ochenta, Jackson abanderó el listado de ventas despachadas a nivel global (o figuró, a lo sumo, en segunda posición, con carácter anecdótico y breve) y en gran parte de la de los noventa hasta 1997 (sí, inclusive en el período posterior a la primera formulación de acusaciones por abusos), a mediados de 1998, cayó con estrépito, hasta verse excluido, súbitamente, del top-10, al que no se auparía de nuevo nunca más. La etapa en la que, precisamente, el eco de sus prestaciones de mediados/fines de los noventa comenzó a apagarse en los espacios de difusión necesarios para conservar, en términos de vigencia, resintiéndose la impronta vendedora de sus creaciones, a disposición de una audiencia multitudinaria, plural y transversal, tal y como había venido disfrutando desde 1979, hasta, como comentaba, 1995.

¿Atruible, esto último, a una pérdida de aliciente, profesada por el público promedio hacia su evolución como músico, en términos netamente vinculados a su oficio, que no relativos a su vida personal? ¿A que el fuego del misticismo, avivado en torno a su figura durante, como mínimo, tres lustros, a partir de certezas, medias verdades, enigmas irresolubles y bulos intencionados que azuzaban la polémica y que redirigían las miras hacia él, como hombre-noticia, se había marchitado, tras haberse explotado al máximo el filón, mientras medió la oportunidad para ello? ¿A la caída abrupta de su reputación, como pasto predilecto de la, siempre ávida de carnaza sin escrúpulos, prensa sensacionalista? ¿O a un simple proceso, sempiterno y en constante activación, en bucle, de reemplazo generacional de ídolos y pósters en continua mudanza, supliendo a los clásicos asentados por aquellos imberbes a los que las terminales mediáticas sugieren venerar, a conveniencia, puesto en práctica por cada hornada generacional en ciernes, desbancando a la inmediata predecesora, que afecta invariablemente a todos (a Jackson, en 1997), incluso a los más grandes del firmamento pentagrámico orientado al consumo popular de masas, como el que nos ocupa? Una experiencia similar ya vivieron otras leyendas de índole similar, tales como James Brown, Diana Ross, Stevie Wonder, o Bruce Springsteen. ¿Ley inexorable de vida?

Asimismo, la decisión de no acompañar con una gira el respaldo otorgado al disco afectó de igual manera a la repercusión mediática de un proyecto poco trabajado en ese punto, pues la apuesta por la fórmula de los conciertos, bajo una retroalimentación adecuada y convenientemente bien focalizada, consigue que el espectador, atraído por la oferta cultural que se le brinda, acuda a los aforos a presenciar su representación gráfica y visual, animándole, si cabe, a fidelizar con una pieza concreta de un álbum, radiada previamente hasta la saciedad, o con el mismo conjunto de temas que conforman un lote completo considerado en su totalidad, repercutiendo, en puridad, en su respuesta favorable al reclamo publicitario que, en sentido previo, se le ha deparado en bandeja.

De todos modos, tal y como demostró en su actuación por duplicado en Nueva York en septiembre de aquel desdichado año para la geopolítica internacional y que tanto ha marcado el siglo XXI, Michael no se hallaba en condiciones mínimamente óptimas como para encarar un desafío de semejante envergadura, como el de prodigarse, equipaje en mano y de vuelta al asfalto, en la línea de salida hacia una enésima travesía por los cinco continentes en casi un centenar de actuaciones, como llevara a cabo en ocasiones pretéritas. Yo siempre he partido de la premisa, quizá equívoca, de que, en junio de 1999, con su caída desde el elevador, estampándose contra el suelo del escenario resultando milagrosamente ileso, y mientras caracterizaba el tema Earth Song, en Corea del Sur, asistimos al fin de Michael Jackson como exponente pop en plenitud de facultades físicas, dadas las secuelas que, como conocimos más tarde, contrajo a resultas de dicho desafortunado incidente.

El dolor sufrido en aquel malaventurado lance del destino alentó el consumo de opiáceos para atenuarlo, principiando una suerte de dependencia a los mismos, que iría alejando a Jackson de los hábitos de entrenamiento y tonificación que, hasta 1999-2000, había observado desde sus primeros albores, hasta desembocar en una falta de forma más que evidente en 2001, únicamente subsanable por la regla elemental de que los genios más virtuosos en una determinada disciplina, en este caso, el baile, por muy poco rodados que se encuentren en un punto momentáneo de su trayectoria, compensan dicha adversidad con la aportación innegable de talento contenido en sus zapatos, un atributo que, quien lo atesora, jamás llegará a olvidarlo, por más que las circunstancias en lo anímico, emocional y fisiológico no le acompañen. Y si no, que se lo pregunten a Usher. Así, más que para grandes eventos, Jackson, relativamente centrado, podría haber desplegado un óptimo desempeño en actos selectos y muy meditados, televisados, en no gran número, destinados, en cambio, a un público receptor masivo, con el objeto de dosificarse al máximo y no malgastar energías en esterilidades e imposibles, dada la situación.

Por último, el componente artístico de la obra. ¿Invincible se hallaría, objetivamente hablando, a la altura de su legado precedente? Evidentemente, no. Una inadecuada selección de temas, en determinados supuestos (algunos descartes habrían encajado mejor en detrimento de otros, imprimiendo un bagaje más consistente a la terna final resultante, como Xscape, Blue Gangsta, A Place with No Name, Another Day, o We've Had Enough) y la concurrencia múltiple de excesivos compositores y productores que desnaturalizaron en cierta medida la concepción inaugural del proyecto lo explican. También, la ardua tarea, cada vez más laboriosa y compleja, de superarse a sí mismo, cuando, quizá, su margen de evolución como emblema pop -sin traicionar por el camino su código propio referencial- se hallaba, cual círculo virtuoso, próximo a su cierre. En Dangerous alcanzó la estandarización de su sonido, depurándolo aún más, si cabe, tanto en HIStory -gran epitafio a toda una andadura legendaria-, como en los cinco temas inéditos de Blood on the Dance Floor: HIStory in the Mix (al fin y al cabo, al entrañar muestras desechadas de sesiones del pasado, rescatadas para la causa).

En 2001, con el advenimiento de otra década y de un nuevo siglo y milenio, Michael debía redefinir su propuesta, lo cual había aparcado y pospuesto seis años atrás, durante la etapa de HIStory, sirviéndole el estado de indignación, impotencia y rabia contenidas tras la indigestión del linchamiento mediático de 1993, como estímulo creativo a la hora de garantizar que la muesca del revólver siguiera, una vez más, girando con hábil precisión. Y, he de añadir, con notable e indudable acierto.

Pero, siempre que sobreviene un álbum de connotación personal, encargado de alterar, o quebrar, el continuum lógico adoptado, en condiciones normales y hasta entonces, por una andadura en continuo crescendo, viéndose aquejada a partir de ese instante por dicha accidental distorsión, debemos prestar atención a su secuela, para poder inferir las posibilidades de progresión, y los límites deducibles a ello.

Albergo el íntimo convencimiento de que Michael, a pesar de grabar un acopio de demos superior al de otrora otros tiempos (en teoría, más fecundos) durante las sesiones preliminares a Invincible, no sabía a ciencia cierta hacia qué senda conceptual (o idea-eje) canalizar la obra sucesora de HIStory, captándole en una fase de su vida en que debía atenerse a otros compromisos más acuciantes para él -la crianza de sus hijos-, o sumido en los prolegómenos de su disipación postrera, amén de la negativa de los ejecutivos de Sony a acoger su propuesta de origen para el disco, aviniéndose a colaborar con representantes en boga del sector (y con un caché inadecuado, en cuanto a formación, experiencia y logros meritorios, para su estatus) con quienes, presumiblemente, no habría entrelazado vasos comunicantes.

Y, por ello, en medio de la turbación, las dudas, los interrogantes, y, sobre todo, los plazos que iban estrechándose para tomar una decisión, habida cuenta de la macroinversión ya desembolsada, optó, sin demasiado convencimiento, por una mezcolanza de canciones de dispar género, exhibiéndose una pretensión de álbum concebido para el simple propósito del entretenimiento -orillando las pretensiones metafísicas que latían en otros, como HIStory-, sin un rumbo claro y definido, trasladando, entre lo que se venía anunciando a bombo y platillo y la realidad de lo finalmente escuchado, una suerte de disonancia cognitiva en el respetable que se tradujo, para muchos -no para mí-, en decepción.

No obstante lo anterior, el impacto en ventas no guarda conexión, necesariamente, con la calidad del proyecto. Así, en un contexto de analogía similar al de los noventa, Invincible, tal y como aparece personificado en su libreto, habría recabado, en 2001, los dos dígitos de millón de unidades (aproximadamente, unos quince, cifra algo inferior a la de HIStory). Napster hacía infligido daño al mercado discográfico, desde su aparición en 1999, abriendo nuevos horizontes de adquisición, por vías ajenas a la ley de la oferta y la demanda, en términos de gratuidad, ocasionando un roto y descosido al sector. Pero, en 2001, la cuantía de los diez, quince, veinte millones de copias a escala mundial se tornaba, todavía, una aspiración ajena a la utopía. Shania Twain, The Beatles (con su recopilatorio editado en 2000, 1), Santana, Linkin Park, Eminem o Norah Jones, por ilustrar algunos ejemplos, pueden atestiguarlo.

Pero ello no obsta para que las cualidades de Invincible sean estimadas de modo notable en su justo término, ameritando el que, aun con los obstáculos, propios y ajenos, que fueron interponiéndose y cruzándose en el camino de Michael durante aquellos procelosos años, nos fuera dispensado un trabajo digno de apreciar, para el disfrute de los melómanos amantes de la buena música.
 
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pussycontrol

HideOuter Gayhetero
comenzó a apagarse en los espacios de difusión necesarios para conservar, en términos de vigencia, resintiéndose la impronta vendedora de sus creaciones, a disposición de una audiencia multitudinaria, plural y transversal, tal y como había venido disfrutando desde 1979, hasta, como comentaba, 1995.

¿Atruible, esto último, a una pérdida de aliciente, profesada por el público promedio hacia su evolución como músico, en términos netamente vinculados a su oficio, que no relativos a su vida personal? ¿A que el fuego del misticismo, avivado en torno a su figura durante, como mínimo, tres lustros, a partir de certezas, medias verdades, enigmas irresolubles y bulos intencionados que azuzaban la polémica y que redirigían las miras hacia él, como hombre-noticia, se había marchitado, tras haberse explotado al máximo el filón, mientras medió la oportunidad para ello? ¿A la caída abrupta de su reputación, como pasto predilecto de la, siempre ávida de carnaza sin escrúpulos, prensa sensacionalista? ¿O a un simple proceso, sempiterno y en constante activación, en bucle, de reemplazo generacional de ídolos y pósters en continua mudanza, supliendo a los clásicos asentados por aquellos imberbes a los que las terminales mediáticas sugieren venerar, a conveniencia, puesto en práctica por cada hornada generacional en ciernes, desbancando a la inmediata predecesora, que afecta invariablemente a todos (a Jackson, en 1997), incluso a los más grandes del firmamento pentagrámico orientado al consumo popular de masas, como el que nos ocupa? Una experiencia similar ya vivieron otras leyendas de índole similar, tales como James Brown, Diana Ross, Stevie Wonder, o Bruce Springsteen. ¿Ley inexorable de vida?

Yo creo q en este compendio sensato y oportuno que has desmenuzado se debería a un poco de todo de lo que apuntas.
De todos modos, tal y como demostró en su actuación por duplicado en Nueva York en septiembre de aquel desdichado año para la geopolítica internacional y que tanto ha marcado el siglo XXI, Michael no se hallaba en condiciones mínimamente óptimas como para encarar un desafío de semejante envergadura, como el de prodigarse, equipaje en mano y de vuelta al asfalto, en la línea de salida hacia una enésima travesía por los cinco continentes en casi un centenar de actuaciones, como llevara a cabo en ocasiones pretéritas. Yo siempre he partido de la premisa, quizá equívoca, de que, en junio de 1999, con su caída desde el elevador, estampándose contra el suelo del escenario resultando milagrosamente ileso, y mientras caracterizaba el tema Earth Song, en Corea del Sur, asistimos al fin de Michael Jackson como exponente pop en plenitud de facultades físicas, dadas las secuelas que, como conocimos más tarde, contrajo a resultas de dicho desafortunado incidente.

El dolor sufrido en aquel malaventurado lance del destino alentó el consumo de opiáceos para atenuarlo, principiando una suerte de dependencia a los mismos, que iría alejando a Jackson de los hábitos de entrenamiento y tonificación que, hasta 1999-2000, había observado desde sus primeros albores, hasta desembocar en una falta de forma más que evidente en 2001, únicamente subsanable por la regla elemental de que los genios más virtuosos en una determinada disciplina, en este caso, el baile, por muy poco rodados que se encuentren en un punto momentáneo de su trayectoria, compensan dicha adversidad con la aportación innegable de talento contenido en sus zapatos, un atributo que, quien lo atesora, jamás llegará a olvidarlo, por más que las circunstancias en lo anímico, emocional y fisiológico no le acompañen. Y si no, que se lo pregunten a Usher. Así, más que para grandes eventos, Jackson, relativamente centrado, podría haber desplegado un óptimo desempeño en actos selectos y muy meditados, televisados, en no gran número, destinados, en cambio, a un público receptor masivo, con el objeto de dosificarse al máximo y no malgastar energías en esterilidades e imposibles, dada la situación.
Sí, el impacto de la caida del puente también pienso que fue muy determinante para perder en buena medida su potencial físico, salió ciertamente tocado, y junto a otras diversas cuestiones como apuntas llevó a que le viéramos en el 30 Aniversario de la manera tan regulera-por momentos cuasi patética-en sus interpretaciones escénicas sobre todo el baile q es donde -a pesar del playback-aun tenía el mando del control y capacidad para el espectáculo del live.
Y, por ello, en medio de la turbación, las dudas, los interrogantes, y, sobre todo, los plazos que iban estrechándose para tomar una decisión, habida cuenta de la macroinversión ya desembolsada, optó, sin demasiado convencimiento, por una mezcolanza de canciones de dispar género, exhibiéndose una pretensión de álbum concebido para el simple propósito del entretenimiento -orillando las pretensiones metafísicas que latían en otros, como HIStory-, sin un rumbo claro y definido, trasladando, entre lo que se venía anunciando a bombo y platillo y la realidad de lo finalmente escuchado, una suerte de disonancia cognitiva en el respetable que se tradujo, para muchos -no para mí-, en decepción.
Coincido en parecer -a favor del disco-con lo que te subrayo.
Pero ello no obsta para que las cualidades de Invincible sean estimadas de modo notable en su justo término, ameritando el que, aun con los obstáculos, propios y ajenos, que fueron interponiéndose y cruzándose en el camino de Michael durante aquellos procelosos años, nos fuera dispensado un trabajo digno de apreciar, para el disfrute de los melómanos amantes de la buena música.
Y amén a esto último too, no es su disco mas sólido pero aun así, en mi humilde opinión deja trazos de (in)genio musical mas que suficientes a pesar de los baches, que son los que entorpecen, o mejor, desequilibran el resultado global.
 
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danyjackson

HideOuter Phoenix
Las razones por las que el álbum Invincible, en marcado contraste con respecto a sus lanzamientos previos en solitario, no haya prendido musical, ni culturalmente, en el sentir colectivo de la opinión pública, tanto en el momento de su gestación y consiguiente puesta de largo, como desde entonces, y así hasta nuestros días, no cabría imputarse a un único factor, sino a una recombinación de variables, las cuales, conjugadas de manera conjunta y coordinada en un intervalo de tiempo muy próximo, cuando no coincidente, terminarían redundando en un desenlace poco venturoso para las expectativas que la crítica especializada y la comunidad seguidora habían alumbrado en relación con la reaparición, largamente anunciada y esperada, de Jackson, tras un hiato de algunos años de barbecho y retirada estratégicamente calculada, mientras se reponía de los esfuerzos invertidos, como venía haciendo desde mediados de los ochenta, entre un proyecto y su continuación posterior. He aquí, en mi opinión, las claves del fenómeno aquí apuntado:

Más que por la tan señalada carencia de promoción, que la hubo -aunque en dosis marcadamente limitadas y testimoniales, si nos ceñimos a los estándares del solista que nos ocupa, cuyas campañas de mercadotecnia y publicidad, hasta 1995, alcanzaban un grado de difusión largamente anhelado como objeto de ensoñación por muchos otros cantantes y/o grupos, quienes, por contra, carecían de los recursos e influjo necesarios para hacer llegar su obra a una audiencia masiva por tales medios-, deberíamos aducir como uno de los elementos clave en la escasa visibilidad del último disco de estudio en activo de Michael la deficiente presencia del mismo en las estaciones de radio a través de la publicación de sencillos, fórmula que, en 2001, todavía se presumía quintaesencial en el éxito comercial imputable a un trabajo discográfico con visos de una cierta proyección y recorrido en los circuitos comerciales, con los que ir captando la atención y el interés del oyente en las canciones recién estrenadas, familiarizándose con ellas y, por consiguiente, con el conjunto del proyecto, alargando sobremanera el ciclo de vida útil -en cuanto a ventas, y, en síntesis, rentabilidad- del producto ofertado.

Mi hipótesis se ve reforzada por el hecho de que, más que por la sucesión de escándalos de signo extramusical en que devendría la existencia de Michael desde 1993 hasta su deceso -que también incidió, qué duda cabe de ello-, o como resultado de un declive crepuscular en sus prestaciones artísticas en su última década en ejercicio -que, para mí, no fue tal, en base al material que fuimos conociendo, episódicamente, entre 2001 y 2009-, Jackson comenzó a perder comba en la acogida y recepción multitudinaria de sus obras finales, por parte de potenciales consumidores y/o compradores interesados en su conocimiento de las mismas, coincidiendo con la paulatina desaparición de sus temas de nuevo cuño en las ondas, lo cual comenzó a manifestarse a partir de 1996, cuando, por motivaciones a todas luces incalificables, y tras un año anterior -1995- bastante prometedor en ese sentido, la compañía discográfica frenó en seco cualquier tentativa de preservar a HIStory en el candelero, o no atinó en el método certero de mantener su viralidad, permaneciendo en el escrutinio del ojo público (fundamentalmente, en el crucial mercado estadounidense, eje principal sobre el que siempre ha pivotado la industria), impidiendo la consecución de un rendimiento superior al que, de todos modos, finalmente obtuvo. No en vano, mientras que, durante la práctica totalidad de los ochenta, Jackson abanderó el listado de ventas despachadas a nivel global (o figuró, a lo sumo, en segunda posición, con carácter anecdótico y breve) y en gran parte de la de los noventa hasta 1997 (sí, inclusive en el período posterior a la primera formulación de acusaciones por abusos), a mediados de 1998, cayó con estrépito, hasta verse excluido, súbitamente, del top-10, al que no se auparía de nuevo nunca más. La etapa en la que, precisamente, el eco de sus prestaciones de mediados/fines de los noventa comenzó a apagarse en los espacios de difusión necesarios para conservar, en términos de vigencia, resintiéndose la impronta vendedora de sus creaciones, a disposición de una audiencia multitudinaria, plural y transversal, tal y como había venido disfrutando desde 1979, hasta, como comentaba, 1995.

¿Atruible, esto último, a una pérdida de aliciente, profesada por el público promedio hacia su evolución como músico, en términos netamente vinculados a su oficio, que no relativos a su vida personal? ¿A que el fuego del misticismo, avivado en torno a su figura durante, como mínimo, tres lustros, a partir de certezas, medias verdades, enigmas irresolubles y bulos intencionados que azuzaban la polémica y que redirigían las miras hacia él, como hombre-noticia, se había marchitado, tras haberse explotado al máximo el filón, mientras medió la oportunidad para ello? ¿A la caída abrupta de su reputación, como pasto predilecto de la, siempre ávida de carnaza sin escrúpulos, prensa sensacionalista? ¿O a un simple proceso, sempiterno y en constante activación, en bucle, de reemplazo generacional de ídolos y pósters en continua mudanza, supliendo a los clásicos asentados por aquellos imberbes a los que las terminales mediáticas sugieren venerar, a conveniencia, puesto en práctica por cada hornada generacional en ciernes, desbancando a la inmediata predecesora, que afecta invariablemente a todos (a Jackson, en 1997), incluso a los más grandes del firmamento pentagrámico orientado al consumo popular de masas, como el que nos ocupa? Una experiencia similar ya vivieron otras leyendas de índole similar, tales como James Brown, Diana Ross, Stevie Wonder, o Bruce Springsteen. ¿Ley inexorable de vida?

Asimismo, la decisión de no acompañar con una gira el respaldo otorgado al disco afectó de igual manera a la repercusión mediática de un proyecto poco trabajado en ese punto, pues la apuesta por la fórmula de los conciertos, bajo una retroalimentación adecuada y convenientemente bien focalizada, consigue que el espectador, atraído por la oferta cultural que se le brinda, acuda a los aforos a presenciar su representación gráfica y visual, animándole, si cabe, a fidelizar con una pieza concreta de un álbum, radiada previamente hasta la saciedad, o con el mismo conjunto de temas que conforman un lote completo considerado en su totalidad, repercutiendo, en puridad, en su respuesta favorable al reclamo publicitario que, en sentido previo, se le ha deparado en bandeja.

De todos modos, tal y como demostró en su actuación por duplicado en Nueva York en septiembre de aquel desdichado año para la geopolítica internacional y que tanto ha marcado el siglo XXI, Michael no se hallaba en condiciones mínimamente óptimas como para encarar un desafío de semejante envergadura, como el de prodigarse, equipaje en mano y de vuelta al asfalto, en la línea de salida hacia una enésima travesía por los cinco continentes en casi un centenar de actuaciones, como llevara a cabo en ocasiones pretéritas. Yo siempre he partido de la premisa, quizá equívoca, de que, en junio de 1999, con su caída desde el elevador, estampándose contra el suelo del escenario resultando milagrosamente ileso, y mientras caracterizaba el tema Earth Song, en Corea del Sur, asistimos al fin de Michael Jackson como exponente pop en plenitud de facultades físicas, dadas las secuelas que, como conocimos más tarde, contrajo a resultas de dicho desafortunado incidente.

El dolor sufrido en aquel malaventurado lance del destino alentó el consumo de opiáceos para atenuarlo, principiando una suerte de dependencia a los mismos, que iría alejando a Jackson de los hábitos de entrenamiento y tonificación que, hasta 1999-2000, había observado desde sus primeros albores, hasta desembocar en una falta de forma más que evidente en 2001, únicamente subsanable por la regla elemental de que los genios más virtuosos en una determinada disciplina, en este caso, el baile, por muy poco rodados que se encuentren en un punto momentáneo de su trayectoria, compensan dicha adversidad con la aportación innegable de talento contenido en sus zapatos, un atributo que, quien lo atesora, jamás llegará a olvidarlo, por más que las circunstancias en lo anímico, emocional y fisiológico no le acompañen. Y si no, que se lo pregunten a Usher. Así, más que para grandes eventos, Jackson, relativamente centrado, podría haber desplegado un óptimo desempeño en actos selectos y muy meditados, televisados, en no gran número, destinados, en cambio, a un público receptor masivo, con el objeto de dosificarse al máximo y no malgastar energías en esterilidades e imposibles, dada la situación.

Por último, el componente artístico de la obra. ¿Invincible se hallaría, objetivamente hablando, a la altura de su legado precedente? Evidentemente, no. Una inadecuada selección de temas, en determinados supuestos (algunos descartes habrían encajado mejor en detrimento de otros, imprimiendo un bagaje más consistente a la terna final resultante, como Xscape, Blue Gangsta, A Place with No Name, Another Day, o We've Had Enough) y la concurrencia múltiple de excesivos compositores y productores que desnaturalizaron en cierta medida la concepción inaugural del proyecto lo explican. También, la ardua tarea, cada vez más laboriosa y compleja, de superarse a sí mismo, cuando, quizá, su margen de evolución como emblema pop -sin traicionar por el camino su código propio referencial- se hallaba, cual círculo virtuoso, próximo a su cierre. En Dangerous alcanzó la estandarización de su sonido, depurándolo aún más, si cabe, tanto en HIStory -gran epitafio a toda una andadura legendaria-, como en los cinco temas inéditos de Blood on the Dance Floor: HIStory in the Mix (al fin y al cabo, al entrañar muestras desechadas de sesiones del pasado, rescatadas para la causa).

En 2001, con el advenimiento de otra década y de un nuevo siglo y milenio, Michael debía redefinir su propuesta, lo cual había aparcado y pospuesto seis años atrás, durante la etapa de HIStory, sirviéndole el estado de indignación, impotencia y rabia contenidas tras la indigestión del linchamiento mediático de 1993, como estímulo creativo a la hora de garantizar que la muesca del revólver siguiera, una vez más, girando con hábil precisión. Y, he de añadir, con notable e indudable acierto.

Pero, siempre que sobreviene un álbum de connotación personal, encargado de alterar, o quebrar, el continuum lógico adoptado, en condiciones normales y hasta entonces, por una andadura en continuo crescendo, viéndose aquejada a partir de ese instante por dicha accidental distorsión, debemos prestar atención a su secuela, para poder inferir las posibilidades de progresión, y los límites deducibles a ello.

Albergo el íntimo convencimiento de que Michael, a pesar de grabar un acopio de demos superior al de otrora otros tiempos (en teoría, más fecundos) durante las sesiones preliminares a Invincible, no sabía a ciencia cierta hacia qué senda conceptual (o idea-eje) canalizar la obra sucesora de HIStory, captándole en una fase de su vida en que debía atenerse a otros compromisos más acuciantes para él -la crianza de sus hijos-, o sumido en los prolegómenos de su disipación postrera, amén de la negativa de los ejecutivos de Sony a acoger su propuesta de origen para el disco, aviniéndose a colaborar con representantes en boga del sector (y con un caché inadecuado, en cuanto a formación, experiencia y logros meritorios, para su estatus) con quienes, presumiblemente, no habría entrelazado vasos comunicantes.

Y, por ello, en medio de la turbación, las dudas, los interrogantes, y, sobre todo, los plazos que iban estrechándose para tomar una decisión, habida cuenta de la macroinversión ya desembolsada, optó, sin demasiado convencimiento, por una mezcolanza de canciones de dispar género, exhibiéndose una pretensión de álbum concebido para el simple propósito del entretenimiento -orillando las pretensiones metafísicas que latían en otros, como HIStory-, sin un rumbo claro y definido, trasladando, entre lo que se venía anunciando a bombo y platillo y la realidad de lo finalmente escuchado, una suerte de disonancia cognitiva en el respetable que se tradujo, para muchos -no para mí-, en decepción.

No obstante lo anterior, el impacto en ventas no guarda conexión, necesariamente, con la calidad del proyecto. Así, en un contexto de analogía similar al de los noventa, Invincible, tal y como aparece personificado en su libreto, habría recabado, en 2001, los dos dígitos de millón de unidades (aproximadamente, unos quince, cifra algo inferior a la de HIStory). Napster hacía infligido daño al mercado discográfico, desde su aparición en 1999, abriendo nuevos horizontes de adquisición, por vías ajenas a la ley de la oferta y la demanda, en términos de gratuidad, ocasionando un roto y descosido al sector. Pero, en 2001, la cuantía de los diez, quince, veinte millones de copias a escala mundial se tornaba, todavía, una aspiración ajena a la utopía. Shania Twain, The Beatles (con su recopilatorio editado en 2000, 1), Santana, Linkin Park, Eminem o Norah Jones, por ilustrar algunos ejemplos, pueden atestiguarlo.

Pero ello no obsta para que las cualidades de Invincible sean estimadas de modo notable en su justo término, ameritando el que, aun con los obstáculos, propios y ajenos, que fueron interponiéndose y cruzándose en el camino de Michael durante aquellos procelosos años, nos fuera dispensado un trabajo digno de apreciar, para el disfrute de los melómanos amantes de la buena música.
Impecable tu anàlisis minucioso y que comparto en todos sus tèrminos. Yo resumiento diria que en este proyecto Michael no estaba con alma y vida ahi como si estuvo en otros. Pero si bien no tuvo el mismo impacto popular que otros trabajos...paradòjicamente su gira mundial, fue la màs exitosa de todas las realizadas por Michael. 4,5 millones de espectadores batieron nuevos rècords de pùblico. Y en 2009 cuando todo el mundo daba por acabado a Michael o como gloria del pasado , vendiò 1 millòn de tickets en 2 horas....el Rey siempre estaba renaciendo de sus cenizas. Y si se hace la biopic o una serie no dudo de que en 2022 o 2023 puede volver al ser el artista màs vendido del mundo...nunca dejarà de sorprendernos....
 
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