[Dejo el texto por aquí por cuestión de archivo/indexado y por si desaparece el post original algún día]
Octubre de 1993 "Dangerous World Tour".
Trabajaba para el diario La Nación cuando me asignaron cubrir la llegada al aeropuerto de Pudahuel de una visita que, incluso antes de aterrizar, ya era leyenda: Michael Jackson.
Me ubicaron en un sector poco habitual, cerca de los aviones de carga, prácticamente metido en la pista. La información era difusa: nadie sabía con certeza por dónde aparecería. La espera tenía algo de tensión y de rito. A un costado, un grupo de niños vestidos con trajes folclóricos de la zona central ensayaba un pie de cueca que quizás nunca ocurriría. Todo estaba dispuesto, pero nada confirmado.
Y de pronto, sin anuncio ni ceremonia, ahí estaba.
Caminando sobre la loza, a pocos metros de donde yo estaba, apareció Michael Jackson. Se desplazaba como en sus videos: ligero, contenido, casi suspendido en su propio ritmo. Un quitasol blanco, translúcido, le daba a la escena un aire de videoclip improbable en medio del aeropuerto.
Yo tenía en mis manos una Nikon F3 cargada con diapositiva Ektachrome de 100 ASA sabía que esa imagen podía ser portada. Al hombro, la FM2 lista con Ilford HP5, 400 ASA, por si la escena pedía otra textura, otro lenguaje.
Pero ese momento era color.
Lo miré durante unos segundos que parecieron más largos de lo que permite el oficio. Frente a mí no estaba solo una estrella: estaba, quizás, el mayor creador musical de su tiempo. Entonces volví a ser fotógrafo. Levanté la F3, el 300 mm ya encuadrado, y disparé con una mezcla de precisión y nerviosismo. No había margen de error.
Sabía que esa imagen no era solo una foto: era la posibilidad de capturar un instante irrepetible… y de llevarlo directo a la portada.