• Cambios en el aspecto y funcionamiento del foro. Ver detalles

Fotos con HIStoria El encargado del Hotel Capitol Tokyu y cómo conoció a MJ

Xtarlight

Administrador
Miembro del equipo
MJH Team


[Traducido del japonés]

La película «MICHAEL» está siendo un gran éxito, ya que todos los que la han visto dicen que les ha gustado mucho, y además yo tenía una razón de peso para verla, así que lo hice.

Supongo que las personas que he conocido en los últimos veinte años no lo sabrán, pero en septiembre de 1987, cuando comenzó la gira mundial con el primer concierto en solitario de MICHAEL en el estadio Korakuen, yo era empleado del Hotel Capitol Tokyu y, durante la estancia de MICHAEL en Tokio, me alojé en la misma planta que él, tenía la llave del ascensor y pasaba el tiempo con los guardaespaldas que se alojaban en la habitación de al lado de la de MICHAEL; íbamos a Kiddyland y a Disneyland, que estaban reservados en exclusiva para nosotros, y pude ver todos los conciertos de Tokio desde los asientos VIP situados delante del sistema de sonido, gracias a las entradas que me dieron.

Voy a contaros cómo sucedió todo eso, aunque la historia se alargue un poco.

Unos seis meses antes, mientras trabajaba en la oficina de ventas situada detrás de recepción, recibí una llamada del jefe de recepción: me dijo que había cinco personas en recepción que decían ser del entorno de Michael Jackson y que querían ver las habitaciones, y me preguntó si podía atenderlas.

En aquel momento, la primera gira mundial en solitario de Michael, que estaba en boca de todo el mundo, iba a comenzar en Tokio, y entre los empleados del hotel se rumoreaba que se alojaría en el Hotel Okura, por lo que ni se me pasó por la cabeza que ese grupo fuera a tener una reserva con nosotros.

Pensando que el asunto era un poco sospechoso, bajé de todos modos a la recepción para saludarles y allí esperaban cinco hombres negros: un señor mayor con sombrero y un joven de complexión robusta.

Así es, tal y como aparecía en la película, se trataba de Bill Bray, el guardaespaldas del sombrero que más tarde se convertiría en una figura paterna para él.

Por supuesto, en aquel momento no tenía ni idea de nada de eso, así que, con mis dudas sobre si realmente formaban parte del equipo, les mostré el hotel.

Mientras les guiaba, Bill no paraba de hacerme peticiones una tras otra: decía que, como los fans se abalanzarían sobre ellos, tenían que entrar y salir por el aparcamiento; que el ascensor fuera de uso exclusivo con llave; que en uno de los dormitorios de la suite de dos dormitorios se retirara todo el mobiliario, se cubrieran las cuatro paredes de espejos y se cubriera el suelo con una pista de baile para poder practicar; que se instalara una puerta exclusiva frente al ascensor donde se encontraba esa habitación y se colocara un teléfono en la mesa para poder vigilarle las 24 horas; equipar la habitación con el mejor sistema de audio; cambiar todo el mobiliario del salón porque era de mala calidad; reservar todas las suites, ya que vendrán muchos VIP, empezando por Quincy Jones, etc. Aunque sabía que era demasiado pedir para un solo jefe de ventas, lo anoté todo y los llevé a la cafetería Origami, donde comimos juntos el pho y las hamburguesas que me recomendaron y charlamos durante más de una hora.

Entonces, el dueño del edificio me dijo de repente: «Suzuki, parece que eres de fiar. Te lo dejo todo en tus manos, así que cumple con todas las peticiones. Los traeré en septiembre, pero antes quiero que te reúnas en Los Ángeles con mi agente y mi contable, ¿podrías ir?», dijo mientras el grupo se marchaba y yo los veía partir atónito.

Sin embargo, durante los seis meses siguientes, se me vinieron encima una tras otra dificultades inimaginables para un simple empleado de hotel. Así que utilicé todos los contactos que había acumulado hasta entonces para superar de alguna manera los problemas que se me presentaban uno tras otro y llegué a septiembre.

Mientras esperaba en lo más profundo del aparcamiento con la llave del ascensor, pensando que si realmente no venía ya no podría seguir viviendo como empleado de hotel, aquel fue quizás el momento en el que más se me aceleró el corazón en toda mi vida.

Se oyó un grito de júbilo tremendo, y, escoltadas por un Crown negro, entraron dos furgonetas pintadas de negro; nunca olvidaré el momento en que el propio MICHAEL se bajó del coche y, con esa voz tan aguda, dijo «¡Hola!» mientras me daba la mano.

Durante el mes y medio siguiente me alojé en una habitación del hotel y, aunque hubo muchas dificultades, como dije al principio, también viví muchas experiencias que nunca volveré a repetir.

Si os interesa conocer los detalles de esta historia y algunas anécdotas curiosas, algún día os las contaré.

Mientras veía la película, me emocioné al recordar tantas cosas y acabé llorando, así que quizá me hayan tomado por un tío raro 😅

Aunque su rostro difería bastante del del auténtico MICHAEL, las escenas de baile y los conciertos eran magníficos, así que estoy deseando ver la próxima entrega.

La foto es de hace 39 años, en una época en la que no existían los móviles y en la que Michael, que por norma general no se hacía fotos, me propuso hacernos una juntos antes de hacer el check-out.

Como solo me queda la copia impresa, ¡es una foto muy valiosa!
 
Cuantas historias como esta iría dejando Michael durante décadas alrededor de todo el mundo.....me encanta conocer estos detalles y las sensaciones de la gente que se cruzó con el.

Gracias por compartirlo!
 
Atrás
Arriba