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MJ: ¿Inmune a la 'cancelación'?

Jolo

HideOuter Obsesivo
Hola, he vuelto. Con mis célebres y ácidos comentarios, y las brutales verdades.

Estábamos en 'la gloria'. Desde el mismo año de su muerte, Michael Jackson recuperó su sitial y era el artista -muerto- que más vendía. Discos inéditos, recopilaciones, Cirque Du Solei, espectáculos varios, imitaciones, un holograma, etc.

Y vino marzo de 2019 y todo se fue a la mierda. Otra vez.

Pasó un 2019 muy tormentoso, tratando de dar explicaciones, tratando de sacar evidencia de que todo era mentira (que lo es). Pero sobre todo, en muchos lugares del mundo MJ fue 'cancelado' (como se le dice a la cultura de anular a un personaje público (político, artista, etc.) por cometer un error imperdonable: conducir ebrio y matar a alguien, maltratar a su pareja, cometer un crimen de sangre, estafar a mucha gente y caer preso, etc.). Desde retirar nombres de premios, cancelar records, retirar colaboraciones con otros artistas, dar entrevistas de "yo siempre lo supe", etc. Hasta radios FM quitando su música de su programación.

Después vino la pandemia. Y empezamos a notar que la 'cancelación' se iba disipando, de a poco. No se sabe si la gente sufrió amnesia, si los varios documentales que salieron (especialmente Square One, que tuvo rotación en Amazon Prime Video y YouTube), surtieron efecto, o si realmente estamos en presencia de un efecto poco visto en otras personalidades:

El ser "inmune a la cancelación".

Volvamos atrás 30 años o más: Michael Jackson fue destruido por la prensa en 1993-1994. Pero él mismo se restauró y regeneró, a pesar de haber pagado un monto millonario, de la cual la prensa si hizo eco: igual en 1995 HIStory fue superventas, los videos fueron los más vistos y esperados, y se embarcó en un tour mundial (esencialmente europeo) llenando estadios. Aparecía en premiaciones y eventos sin mayor revuelo.

Después vino Invincible. Y después vino Arizo. Otra vez, todo a la basura. Y ahí los fans lo pasamos mal. Sufrimos hasta el último segundo. Sabemos que el juicio no dio lugar a duda alguna. Pero la prensa, como ha sido habitual, siguió con las 'fake news' (concepto al cual estamos acostumbrados) a tal punto de que mucha gente creyó que MJ compró al jurado. Hay un artículo muy interesante dando vueltas por ahí, que se titula "El episodio más vergonzoso en la historia del periodismo", que relata lo mismo.

Pero igual, pasó 2006-2007, silencio radial. Pero volvió para This Is It y causó el mismo efecto de siempre: conferencia de prensa repleta, toda la prensa pendiente de él, y bueno, la tristemente célebre venta de 50 conciertos en tiempo récord. Y cuando amaneció sin vida, "el mundo entero sintió una tristeza indescriptible".

Para qué hablar de la causa de muerte, o de la adicción que se conoció después: a la gente poco o nada le importó.

Volviendo al presente, he estado viendo como la figura de MJ vuelve a brillar: he vuelto a escuchar sus canciones en la radio, gente hablando bien de él, nombres de premios restablecidos, el tema del Thriller 40, homenajes en programas de TV de baile de talentos (hace poco me tocó ver una presentación de Beat It de una finalista, en vivo, y vi como el público se volvía loco). En otro, un programa de baile, uno de los jurados cuestionando a quien trató de basarse en MJ: "Para imitar a alguien como MJ, se deben tener agallas; no se puede hacer, así como así". Niños bailando en sus colegios, su música nuevamente en discos, sus conciertos puestos en pantallas de TV en tiendas.

¿Y qué fue lo que me hizo escribir todo esto? Recién viendo en TV una olimpiada de gimnasia artística en donde sonó 2 veces, para distintos participantes, TDCAU en versión Cirque. También, la audiencia bastante efusiva, incluyendo los relatadores, justamente porque se trataba de música del "gran Michael Jackson, el Rey del Pop".

Quizás estamos en presencia de una de las pocas ventajas de ser el ser humano más famoso en el Planeta Tierra, producto de ser la persona más talentosa en haber pisado un escenario jamás: "la regeneración de imagen automática". Algo así.

Atrás ha quedado "la historia del tren". La pregunta es, ¿a la mayoría de la gente no le importó, no les creyó, o simplemente les da lo mismo? La respuesta a esa pregunta, dolorosamente, seguirá siendo importante para los fans. Porque todos sabemos cuál es la respuesta que queremos. Pero no deja de ser que podemos 'disfrutar' un poco de esa sensación de poder caminar escuchando su música sin vergüenza, poder hablar de él y su arte, todo esto sin que nos apunten con el dedo por supuestamente 'defender lo indefendible'.

Algo es algo.
 
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Juncanf

HideOuter ¡Invincible!
Pienso que Michael tenía un corazón tan puro que la gente, simplemente, por mucho que quieran ensuciarle, "saben la verdad" en el fondo de su corazón. Siempre lo han sabido (o sospechado), pero era demasiado impopular decirlo con todo reciente, y ahora que se va pasando el tsunami, ya se puede expresar más libremente.
 
MJ hizo historia en el mundo de la música y eso nadie lo podía borrar. Era irrompible como fenómeno de masas, lo que con cierto egocentrismo/mecanismo de defensa cantaba al comenzar el album Invincible, acababa siendo la verdad. Cuando tras el calvario, fruto además de la que por desgracia fue la peor decisión de Michael, de la extorsión de los Chandler sacó HIStory y salió de gira para seguir demostrando al mundo quien era el mejor, su imperio de fans siguió respondiendo. Y con this is it igual, perfectamente podía haber sucedido lo que dijo Kenny Ortega que si hubiesen sacado 200 conciertos, las entradas se hubiesen agotado.

Sobre el documental que ni hace falta mentar, como dije en otros posts yo creo que le hizo 0 daño. Que a estas alturas el que fuese fan o estuviese punto de hacerlo no se iba a dejar llevar por un documental morboso cuyo único fin es intentar entretener en mitad del inmenso catálogo de una plataforma.

Pienso que Michael tenía un corazón tan puro que la gente, simplemente, por mucho que quieran ensuciarle, "saben la verdad" en el fondo de su corazón. Siempre lo han sabido (o sospechado), pero era demasiado impopular decirlo con todo reciente, y ahora que se va pasando el tsunami, ya se puede expresar más libremente.
Creo que Mark Geragos lo resumió perfectamente en la entrevista del 60 minutes cuando dijo "Creo que la mayoría de gente ha entendido que esto es una cuestión de dinero" (en referencia a que el caso Chandler, al igual que iba a ser el caso Arvizo, era un intento de sacarle pasta a Michael. MJ siempre ha tenido la sombra de la polémica, pero al final siempre acaba sobreponiéndose.
 

michael_paraguay

HideOuter ¡Invincible!
Michael es mas grande que la vida misma (larger than life), es imposible cancelarlo.

El creó su arte de una forma tal que te guste o no el como persona es imposible no admirar su talento. Videos. Canciones. Actuaciones. Etc.
 

billie jean84

HideOuter Phoenix
No es nada contra el post solo una opinión general. Me parece una tontería eso de "cultura de cancelación" con varios personajes conocidos de la actualidad los cancelan, los descancelan y ase sucesivamente por asuntos de su vida privada o si hacen algo que no les parece. En el caso de Michael, lo comenté en su momento cuando vino toda esa avalancha post HBO la gente decía "No lo escucharé más" "Lo eliminaré de mi playlist o likes de Spotify (Que terrible voy a llorar :sleep:) lo mismo pasó con las radios. Si a mi no me interesa un artista y conozco lo que todos saben y lo escucho esporádicamente como lo voy a "cancelar "? Si no quiero escucharlo no lo hago y punto pero la vida conectada ahora nos presenta la oportunidad de publicar todas nuestras opiniones .
 

Roberto J

HideOuter Adicto
Hola, he vuelto. Con mis célebres y ácidos comentarios, y las brutales verdades.

Estábamos en 'la gloria'. Desde el mismo año de su muerte, Michael Jackson recuperó su sitial y era el artista -muerto- que más vendía. Discos inéditos, recopilaciones, Cirque Du Solei, espectáculos varios, imitaciones, un holograma, etc.

Y vino marzo de 2019 y todo se fue a la mierda. Otra vez.

Pasó un 2019 muy tormentoso, tratando de dar explicaciones, tratando de sacar evidencia de que todo era mentira (que lo es). Pero sobre todo, en muchos lugares del mundo MJ fue 'cancelado' (como se le dice a la cultura de anular a un personaje público (político, artista, etc.) por cometer un error imperdonable: conducir ebrio y matar a alguien, maltratar a su pareja, cometer un crimen de sangre, estafar a mucha gente y caer preso, etc.). Desde retirar nombres de premios, cancelar records, retirar colaboraciones con otros artistas, dar entrevistas de "yo siempre lo supe", etc. Hasta radios FM quitando su música de su programación.

Después vino la pandemia. Y empezamos a notar que la 'cancelación' se iba disipando, de a poco. No se sabe si la gente sufrió amnesia, si los varios documentales que salieron (especialmente Square One, que tuvo rotación en Amazon Prime Video y YouTube), surtieron efecto, o si realmente estamos en presencia de un efecto poco visto en otras personalidades:

El ser "inmune a la cancelación".

Volvamos atrás 30 años o más: Michael Jackson fue destruido por la prensa en 1993-1994. Pero él mismo se restauró y regeneró, a pesar de haber pagado un monto millonario, de la cual la prensa si hizo eco: igual en 1995 HIStory fue superventas, los videos fueron los más vistos y esperados, y se embarcó en un tour mundial (esencialmente europeo) llenando estadios. Aparecía en premiaciones y eventos sin mayor revuelo.

Después vino Invincible. Y después vino Arizo. Otra vez, todo a la basura. Y ahí los fans lo pasamos mal. Sufrimos hasta el último segundo. Sabemos que el juicio no dio lugar a duda alguna. Pero la prensa, como ha sido habitual, siguió con las 'fake news' (concepto al cual estamos acostumbrados) a tal punto de que mucha gente creyó que MJ compró al jurado. Hay un artículo muy interesante dando vueltas por ahí, que se titula "El episodio más vergonzoso en la historia del periodismo", que relata lo mismo.

Pero igual, pasó 2006-2007, silencio radial. Pero volvió para This Is It y causó el mismo efecto de siempre: conferencia de prensa repleta, toda la prensa pendiente de él, y bueno, la tristemente célebre venta de 50 conciertos en tiempo récord. Y cuando amaneció sin vida, "el mundo entero sintió una tristeza indescriptible".

Para qué hablar de la causa de muerte, o de la adicción que se conoció después: a la gente poco o nada le importó.

Volviendo al presente, he estado viendo como la figura de MJ vuelve a brillar: he vuelto a escuchar sus canciones en la radio, gente hablando bien de él, nombres de premios restablecidos, el tema del Thriller 40, homenajes en programas de TV de baile de talentos (hace poco me tocó ver una presentación de Beat It de una finalista, en vivo, y vi como el público se volvía loco). En otro, un programa de baile, uno de los jurados cuestionando a quien trató de basarse en MJ: "Para imitar a alguien como MJ, se deben tener agallas; no se puede hacer, así como así". Niños bailando en sus colegios, su música nuevamente en discos, sus conciertos puestos en pantallas de TV en tiendas.

¿Y qué fue lo que me hizo escribir todo esto? Recién viendo en TV una olimpiada de gimnasia artística en donde sonó 2 veces, para distintos participantes, TDCAU en versión Cirque. También, la audiencia bastante efusiva, incluyendo los relatadores, justamente porque se trataba de música del "gran Michael Jackson, el Rey del Pop".

Quizás estamos en presencia de una de las pocas ventajas de ser el ser humano más famoso en el Planeta Tierra, producto de ser la persona más talentosa en haber pisado un escenario jamás: "la regeneración de imagen automática". Algo así.

Atrás ha quedado "la historia del tren". La pregunta es, ¿a la mayoría de la gente no le importó, no les creyó, o simplemente les da lo mismo? La respuesta a esa pregunta, dolorosamente, seguirá siendo importante para los fans. Porque todos sabemos cuál es la respuesta que queremos. Pero no deja de ser que podemos 'disfrutar' un poco de esa sensación de poder caminar escuchando su música sin vergüenza, poder hablar de él y su arte, todo esto sin que nos apunten con el dedo por supuestamente 'defender lo indefendible'.

Algo es algo.
Todo lo que escribiste excelente a excepción de lo que mucha gente creyó que Michael compró al jurado. Lo que me consta a mí es que la inmensa mayoría de la humanidad supo que el niño Arvizo era un charlatán y su madre también. Eso lo escuché de gente no fan.
 

Roberto J

HideOuter Adicto
MJ hizo historia en el mundo de la música y eso nadie lo podía borrar. Era irrompible como fenómeno de masas, lo que con cierto egocentrismo/mecanismo de defensa cantaba al comenzar el album Invincible, acababa siendo la verdad. Cuando tras el calvario, fruto además de la que por desgracia fue la peor decisión de Michael, de la extorsión de los Chandler sacó HIStory y salió de gira para seguir demostrando al mundo quien era el mejor, su imperio de fans siguió respondiendo. Y con this is it igual, perfectamente podía haber sucedido lo que dijo Kenny Ortega que si hubiesen sacado 200 conciertos, las entradas se hubiesen agotado.

Sobre el documental que ni hace falta mentar, como dije en otros posts yo creo que le hizo 0 daño. Que a estas alturas el que fuese fan o estuviese punto de hacerlo no se iba a dejar llevar por un documental morboso cuyo único fin es intentar entretener en mitad del inmenso catálogo de una plataforma.


Creo que Mark Geragos lo resumió perfectamente en la entrevista del 60 minutes cuando dijo "Creo que la mayoría de gente ha entendido que esto es una cuestión de dinero" (en referencia a que el caso Chandler, al igual que iba a ser el caso Arvizo, era un intento de sacarle pasta a Michael. MJ siempre ha tenido la sombra de la polémica, pero al final siempre acaba sobreponiéndose.
Mejor no se pudo haber dicho.... La balanza siempre estará más a favor de Michael aun entre aquellos que en modo de burla dicen estupideces
 

Siberian Husky

Con el alma y mente puestos en Orión
El hecho, sin duda meritorio y cuasi milagroso, de que Michael Jackson no haya sido pasto del silenciamiento de su figura y logros artísticos, tras el revuelo mediático levantado por el documental de tan infausto recuerdo que, allá tres años atrás en el tiempo, tantos sinsabores nos reportó, cabría obedecer a una serie de causas múltiples, todas ellas ciertamente interconectadas entre sí:
  1. La crisis de reputación y credibilidad padecida por el periodismo en los últimos años, tanto generalista como especializado, y sentida marcadamente por el lector de prensa y el televidente a nivel televisivo, propiciada por el convencimiento por parte del público, cada vez más extendido -y ciertamente verídico-, de que la dependencia de liquidez, tan necesaria para la subsistencia de unas empresas de comunicación que precisan de ingresos para sobrevivir en un contexto de incertidumbre y volátil, tan competitivo y voraz por la búsqueda de la exclusiva y de la noticia, hacen de la línea editorial de aquéllas una simple correa de transmisión del pensamiento y valores que el financiador de las mismas desea que patrocinen, desmarcándose con ello del código deontológico de la, por otra parte, noble profesión de quien busca la verdad, incomode o no al poder establecido y a quienes su revelación les perjudique.
  2. El resultado de todo ello ha desembocado en que el ciudadano no se fíe de las terminales mediáticas convencionales que antaño le suministraban la información, procesada y convenientemente masticada para su fácil digestión, con la que situarse en el mundo que nos rodea, sumiéndolo en la desorientación y el desconcierto: huérfanos de referentes, han terminado decantándose por los canales alternativos en las redes sociales, con el inconveniente de que esta nueva forma de aproximación a la actualidad carece, en cambio, del rigor y los recursos del colectivo profesional, allanando la senda para la proliferación de uno de los males más graves de nuestro tiempo reciente: las fake news.
  3. Los dos puntos anteriores, unido a la fragmentación atroz del mercado audiovisual, cada una con su nicho selecto y reducido de seguidores -en contraste con la oferta limitada de plataformas de amplio espectro, orientadas a una audiencia multitudinaria, cifrada en millones, habida en el pasado-, en mi opinión, han terminado favoreciendo paradójicamente a Jackson, en el sentido de que una amplia mayoría de individuos, al hallarse encapsulados, cada uno, y sin posibilidad de cruzamiento, en una infinita pléyade de periódicos, bitácoras, cadenas de televisión, emisoras de radio o podcasts, no haya sido ni conocedor -hasta nuestros días- de la existencia misma del documental, ni mucho menos, de su contenido y consecuencias para la imagen de nuestro protagonista. Algo similar ocurre, por ejemplo, en lo tocante a la formación del sujeto en cuanto a contenidos de índole política, acarreando consigo la existencia de grupos de opinión cada vez más polarizados, al no imperar cauces de permitan canalizar las inquietudes de cada caladero de receptores de información, redundando en la toma de conocimiento -y de reconocimiento- entre todos ellos, de manera que las discrepancias en la percepción de la realidad se arbitren conforme a un mínimo común denominador de consenso en la visión que, en torno a un determinado fenómeno y/o acontecimiento, puedan tener dos personas de procedencia diferenciada.
  4. Michael, quien, tras una década para el olvido previa a su muerte (1999-2009) había conseguido, con su pérdida, que el foco público en relación con su perfil volviera a recaer, como debiera haber sido lo deseable, en la esfera estrictamente musical (2009-2019), aproximándose a unos niveles de aprobación, si bien no emparentables a los existentes hasta 1993 (reto inviable, dadas las circunstancias), sí asimilables a los de 1995-1997, inauguró a partir de Leaving Neverland otra etapa más aciaga, en la que, aun habiendo esquivado un devenir tan sombrío como los experimentados por los hoy defenestrados Bill Cosby y R. Kelly, sepultados bajo el lodazal de sus errores y actos imperdonables, sí se ha visto resentida la impresión que al ciudadano medio le merece su persona -a nivel humano-, hasta el punto de que la confesión pública de que, en efecto, uno pueda agradarle, o sentir afinidad, hacia la expresión artística (o humanitaria) de Michael Jackson en cualesquiera de sus facetas, entrañe perjuicios en el entorno más próximo, o socialmente considerado, de quien ose pronunciarse explícitamente en tales términos. Yo mismo he podido ser testigo de ello.
  5. Así que todavía es pronto para enjuiciar el daño infligido a Jackson por el reportaje de cuatro horas que estuvo a punto de dinamitar, en 2019, los cimientos de una sólida edificación, forjada con paso firme durante cuatro decenios de trayectoria sin par. Aunque Michael prosiga liderando la lista de Forbes, como viene haciendo invariablemente desde su deceso, o el tráfico de sus reproducciones no se haya visto detenido -no en vano, en 2020, experimentó un auge con respecto al año precedente-, puede que todo ello sea producto de que sus seguidores, en actitud defensiva y enarbolando la bandera del resistencialismo, hayan optado por reivindicar su legado, emitiendo en bucle sus vídeos y pistas de audio. Eso sí, en su mayoría, en el más estricto anonimato de la clandestinidad. Esto es, continúan fieles a Jackson, sin exteriorizar, por la incomodidad que ello supone, revelarlo, por temor al estigma, incomprensión y rechazo social de los no afines. Sin negar, por supuesto, que, en países como Estados Unidos, el movimiento Black Lives Matter redescubriera canciones como They Don't Care About Us como himnos de su causa, o resaltar la excelente salud de temas tan atemporales y de candente vigencia, dado el gripado estado de salud de nuestro planeta, como Earth Song. Por no hablar de la siempre sempiterna compañera de fatigas en la noche de Halloween, la incombustible Thriller.
En fin, el transcurso del tiempo, ese juez tan implacable, sorteador de todo tipo de desafueros, irá despejando las incógnitas que, en cambio, ahora parecen emborronar el paisanaje que nos envuelve a nuestro enderredor, impidiéndonos calibrar la dimensión precisa y fiel de la situación actual, de todo cuanto acabo de glosar.
 
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Juncanf

HideOuter ¡Invincible!
El hecho, sin duda meritorio y cuasi milagroso, de que Michael Jackson no haya sido pasto del silenciamiento de su figura y logros artísticos, tras el revuelo mediático levantado por el documental de tan infausto recuerdo que, allá tres años atrás en el tiempo, tantos sinsabores nos reportó, cabría obedecer a una serie de causas múltiples, todas ellas ciertamente interconectadas entre sí:
  1. La crisis de reputación y credibilidad padecida por el periodismo en los últimos años, tanto generalista como especializado, y sentida marcadamente por el lector de prensa y el televidente a nivel televisivo, propiciada por el convencimiento por parte del público, cada vez más extendido -y ciertamente verídico-, de que la dependencia de liquidez, tan necesaria para la subsistencia de unas empresas de comunicación que precisan de ingresos para sobrevivir en un contexto de incertidumbre y volátil, tan competitivo y voraz por la búsqueda de la exclusiva y de la noticia, hacen de la línea editorial de aquéllas una simple correa de transmisión del pensamiento y valores que el financiador de las mismas desea que patrocinen, desmarcándose con ello del código deontológico de la, por otra parte, noble profesión de quien busca la verdad, incomode o no al poder establecido y a quienes su revelación les perjudique.
  2. El resultado de todo ello ha desembocado en que el ciudadano no se fíe de las terminales mediáticas convencionales que antaño le suministraban la información, procesada y convenientemente masticada para su fácil digestión, con la que situarse en el mundo que nos rodea, sumiéndolo en la desorientación y el desconcierto: huérfanos de referentes, han terminado decantándose por los canales alternativos en las redes sociales, con el inconveniente de que esta nueva forma de aproximación a la actualidad carece, en cambio, del rigor y los recursos del colectivo profesional, allanando la senda para la proliferación de uno de los males más graves de nuestro tiempo reciente: las fake news.
  3. Los dos puntos anteriores, unido a la fragmentación atroz del mercado audiovisual, cada una con su nicho selecto y reducido de seguidores -en contraste con la oferta limitada de plataformas de amplio espectro, orientadas a una audiencia multitudinaria, cifrada en millones, habida en el pasado-, en mi opinión, han terminado favoreciendo paradójicamente a Jackson, en el sentido de que una amplia mayoría de individuos, al hallarse encapsulados, cada uno, y sin posibilidad de cruzamiento, en una infinita pléyade de periódicos, bitácoras, cadenas de televisión, emisoras de radio o podcasts, no haya sido ni conocedor -hasta nuestros días- de la existencia misma del documental, ni mucho menos, de su contenido y consecuencias para la imagen de nuestro protagonista. Algo similar ocurre, por ejemplo, en lo tocante a la formación del sujeto en cuanto a contenidos de índole política, acarreando consigo la existencia de grupos de opinión cada vez más polarizados, al no imperar cauces de permitan canalizar las inquietudes de cada caladero de receptores de información, redundando en la toma de conocimiento -y de reconocimiento- entre todos ellos, de manera que las discrepancias en la percepción de la realidad se arbitren conforme a un mínimo común denominador de consenso en la visión que, en torno a un determinado fenómeno y/o acontecimiento, puedan tener dos personas de procedencia diferenciada.
  4. Michael, quien, tras una década para el olvido previa a su muerte (1999-2009) había conseguido, con su pérdida, que el foco público en relación con su perfil volviera a recaer, como debiera haber sido lo deseable, en la esfera estrictamente musical (2009-2019), aproximándose a unos niveles de aprobación, si bien no emparentables a los existentes hasta 1993 (reto inviable, dadas las circunstancias), sí asimilables a los de 1995-1997, inauguró a partir de Leaving Neverland otra etapa más aciaga, en la que, aun habiendo esquivado un devenir tan sombrío como los experimentados por los hoy defenestrados Bill Cosby y R. Kelly, sepultados bajo el lodazal de sus errores y actos imperdonables, sí se ha visto resentida la impresión que al ciudadano medio le merece su persona -a nivel humano-, hasta el punto de que la confesión pública de que, en efecto, uno pueda agradarle, o sentir afinidad, hacia la expresión artística (o humanitaria) de Michael Jackson en cualesquiera de sus facetas, entrañe perjuicios en el entorno más próximo, o socialmente considerado, de quien ose pronunciarse explícitamente en tales términos. Yo mismo he podido ser testigo de ello.
  5. Así que todavía es pronto para enjuiciar el daño infligido a Jackson por el reportaje de cuatro horas que estuvo a punto de dinamitar, en 2019, los cimientos de una sólida edificación, forjada con paso firme durante cuatro decenios de trayectoria sin par. Aunque Michael prosiga liderando la lista de Forbes, como viene haciendo invariablemente desde su deceso, o el tráfico de sus reproducciones no se haya visto detenido -no en vano, en 2020, experimentó un auge con respecto al año precedente-, puede que todo ello sea producto de que sus seguidores, en actitud defensiva y enarbolando la bandera del resistencialismo, hayan optado por reivindicar su legado, emitiendo en bucle sus vídeos y pistas de audio. Eso sí, en su mayoría, en el más estricto anonimato de la clandestinidad. Esto es, continúan fieles a Jackson, sin exteriorizar, por la incomodidad que ello supone, revelarlo, por temor al estigma, incomprensión y rechazo social de los no afines. Sin negar, por supuesto, que, en países como Estados Unidos, el movimiento Black Lives Matter redescubriera canciones como They Don't Care About Us como himnos de su causa, o resaltar la excelente salud de temas tan atemporales y de candente vigencia, dado el gripado estado de salud de nuestro planeta, como Earth Song. Por no hablar de la siempre sempiterna compañera de fatigas en la noche de Halloween, la incombustible Thriller.
En fin, el transcurso del tiempo, ese juez tan implacable, sorteador de todo tipo de desafueros, irá despejando las incógnitas que, en cambio, ahora parecen emborronar el paisanaje que nos envuelve a nuestro enderredor, impidiéndonos calibrar la dimensión precisa y fiel de la situación actual, de todo cuanto acabo de glosar.
Resumiendo "El tiempo todo lo cura" :LOL:.
 
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