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Una tarde en el Zoo de Berlín con Michael Jackson

En diciembre pasado estuve unos días en Berlín y pasé por el zoo de Tiergarten, el parque más grande la ciudad, y me acordé de una historia.

Durante el Bad Tour, Michael pasó por Berlín para ofrecer un concierto en la explanada del Reichstag, el 19 de junio de 1988. Durante su estancia se alojó en el Hotel Intercontinental, a pocos pasos del zoo, y decidió hacer una visita.

George Kerwinski, manager de la gira en Alemania, nos la cuenta.

Una tarde en el Zoo de Berlín con Michael Jackson​

La primera vez que nos vimos, durante el Bad Tour, recogí a Michael en el aeropuerto de Tegel y le llevé a su hotel, el Intercontinental. Durante el viaje vio que el hotel se encontraba junto al Zoo.

Más tarde, hacia las 3 de la tarde, me dijo una persona de su equipo de seguridad: ‘Michael quiere ir al zoo ahora’.

‘¡¿Ahora, una soleada tarde de domingo y con miles de visitantes invadiendo el zoo?! ¡Imposible!’
Me quedé sin respiración.

Desesperadamente busqué un modo de solucionar el problema.

Mientras pensaba, Bray me pidió amablemente:
‘Vaya a comprar tres entradas. Una para usted, otra para mí y otra para Michael’.

Yo me quedé pálido como la pared y a punto de desmayarme.

Para entonces ya se habían acumulado cientos de fans frente al hotel, y ese ya era un obstáculo imposible de franquear. Nos habrían hecho pedazos antes de llegar uno solo de nosotros a la entrada del hotel.

Lo que no podía saber en ese momento es que Michael tenía preparados para esas ocasiones un amplio repertorio de disfraces.

Fui a comprar las entradas y volví a la planta del hotel donde se alojaba Jackson, que estaba herméticamente aislada. Por el pasillo había mucha gente ocupada de acá para allá, entre la cual estaba Bill Bray, a quien le di las entradas. Él las recogió contento y dijo: ‘Ok, ¡vamos!’

Sorprendido, le pregunté: ‘¿No viene Michael?’

Él, sonriendo, asintió con la cabeza y señaló al chico que estaba junto a él: ‘Está justo a mi lado’.

¡Y allí estaba! Nos pusimos en marcha y yo les seguí. Así que ese tipo era Michael Jackson. De camino al ascensor pude admirar su ingenioso camuflaje: peluca afro, dos prominentes patillas, bigote y dentadura postiza con las paletas torcidas. Llevaba un jersey atado a las caderas y unas enormes gafas de sol.
En el ascensor expliqué a Bill que tenía el coche aparcado en el garaje y podíamos ir desde allí hasta el zoo sin ser vistos. Bill y Michael sonrieron como dos pillos que están a punto de cometer una travesura:

‘Michael prefiere ir caminando’, dijo su acompañante.

Mientras abandonábamos el hotel por el parking subterráneo, se escuchaba un coro de voces en la entrada gritando: ’¡Michael, Michael, enséñanos tu cara!’
Eran los fans esperando que su ídolo se asomase por alguna de las ventanas.

A menos de 50 metros de la entrada principal del hotel cruzamos la concurrida‬
‪Budapester Strasse y paseamos como unos simples turistas por una calle lateral, que nos llevó al zoo. El único de los‬ tres que estaba nervioso en este paseo y no paraba de mirar a su alrededor, tenso y nervioso, era yo. Bill y Michael ‬parecían muy relajados charlando y riendo juntos.‬‬



Poco a poco desapareció también mi pánico a que alguien ‬nos pudiese reconocer.

Un momento antes de doblar la esquina de la calle principal que conducía al zoo ocurrió algo inesperado de ‬repente: un hombre se precipitó hacia nosotros temblando de cabeza a los pies y cayéndole gotas de ‬sudor por la cara. Balbuceando dijo: ‘¡Michael, Michael!’.

Un instante después le reconocí. Era Rüdiger. Ya formaba parte de muchas de mis visitas a Berlín. Era un cazador de autógrafos, en principio inofensivo. A primera vista‬ parecía un funcionario, con su bigote fino, sus gafas redondas con montura metálica, con su perfecta raya y la gabardina‬ algo gastada. Mi intención era deshacerme de él a toda prisa. Rüdiger, sin embargo, estaba poseído por la fiebre del ‬cazador, completamente fuera de sí e imposible de frenar.

‘Michael, Michael, por favor...’ No pudo decir más porque ‬en ese momento Bill tomó el mando y de manera estoica refunfuñó: ‘Vete, no es Michael’. Pero Rüdiger sabía que‬ no era cierto, ya que también me conoció a mí. No me quedó otra salida que proponer a Bill que Michael le firmara un autógrafo para poder deshacernos de él lo antes posible y así desaparecer sin llamar la atención.‬

La situación era bastante delicada. Si Rüdiger sabía que este señor de abundantes rizos era Michael Jackson, ¿dónde‬ estarían acechando los demás coleccionistas de autógrafos?
Decididamente le quité la carpeta a Rüdiger y le di a‬ Michael dos fotos para firmar. Al mismo tiempo le obligué a guardar silencio absoluto, sino, le amenacé,‬ se iría con las manos vacías. Michael firmó y Rüdiger se fue más contento que unas castañuelas. ‬


‪Ya habíamos franqueado el primer obstáculo. Quedaban tan solo 150 metros para llegar a la entrada del zoo. Cuando llegamos‬ nos pusimos en la cola. De repente Bill quiso saber si había una enfermería. Totalmente perplejo le pregunté si necesitaba ayuda. ‘No’, dijo con una sonrisa bondadosa, y pidió una silla de ruedas. Era para pasear a Michael por el zoo.‬ Así el camuflaje sería perfecto, y el trío sería menos sospechoso. Al pasar por la taquilla encontramos la enfermería, pero no había ninguna silla de ruedas. Así que caminamos como unos visitantes cualquiera, como éramos, al fin y al cabo. ‬Bill me contó, con una sonrisa pícara que, en situaciones similares, había paseado a Michael vestido con bata blanca y en silla de ruedas, y siempre tuvieron la suerte de no ser descubiertos.‬

Nuestra primera parada fue en la caseta de los monos. Yo seguía mirando como un halcón por toda la zona pensando que los fans nos reconocerían tarde o temprano.

Efectivamente, unos 20 minutos más tarde, al salir del recinto de los primates, descubrí a lo lejos un enorme y potente teleobjetivo que sobresalía de entre los arbustos.

Alguien nos había traicionado. Más tarde supe que la jefa de prensa del Hotel Intercontinental se había puesto en contacto con el director del zoológico y también había llamado a la prensa.
Pero en ese momento no lo sabía. Y de pronto estábamos invadidos por fotógrafos. Estaban subidos en los árboles y entre los arbustos preparando una emboscada. Bill y Michael ya habían descubierto también lo que estaba pasando a su alrededor,
pero sorprendentemente, no pareció importarles. Bill me dijo que me adelantara y les dijera que tomaran fotos desde cierta distancia para que nos dejaran seguir. Hice lo que me pidió, y efectivamente, los fotógrafos me hicieron caso.

Así pudimos disfrutar de media hora por el zoológico sin ser molestados, hasta que nos encontramos con un grupo de boyscouts americanos. Ninguno de los niños tenía más de diez años. Cuando nos íbamos acercando, de repente, un brazo salió disparado del grupo señalando hacia nosotros, y una vocecita gritó en voz alta:

‘¡Michael Jackson!’

Al final tenía que pasar.

En ese momento, Bill trató de camuflar a Michael con su gorra de beisbol y pasándole el brazo por el hombro, pero Michael se acercó tranquilo y relajado hacia los niños, ¡y se puso a hablar con ellos!
Tras unos minutos de charla volvió con nosotros y los niños se fueron contentos.

Afortunadamente, no había llamado demasiado la atención.


Los niños parecen tener un sexto sentido para estas cosas porque, en viajes posteriores y a pesar de disfrazarse también, siempre era reconocido por los niños.

Después del incidente con los boyscouts decidimos dar por terminada la visita al zoológico. Los dejé a los dos esperando en la zona de Rotkreuz station y fui corriendo al hotel a buscar el coche. Aparqué el BMW directamente sobre la acera, frente a la entrada del zoo. Bill y Michael entraron en el coche sin ser reconocidos. Por motivos de seguridad, Michael viajaba en el asiento trasero.

Mientras nos alejábamos, me preguntó: ‘¿Qué modelo de coche es este?’
‘Es un BMW’, le contesté.
Entonces Michael replicó: ‘Un BM qué?’ Parece que nunca había oído hablar de este modelo.

George Kerwinski. Manager de gira

http://www.michael-jackson-memoriampage.de/michael-in-germany/michael-in-germany.html

(Gracias a mi amiga y compañera de viaje por su ayuda con la traducción del alemán :*):*) )


En una larga entrevista con Kerwinski cuenta, entre otras muchas historias como manager de gira, cómo conoció a Michael Jackson y algunos recuerdos del tiempo que pasó con él.

http://www.chris-norman.ru/interviews/gk14_3_eng.htm

“Conocí a Michael Jackson en 1974, con los Jackson 5.

Yo era el promotor local en Munich. Los Jackson 5 actuaron en Circus Crone,
donde actuaba todo el mundo, Los Beatles, los Stones, es un sitio legendario. Recuerdo que cuando viajaban por cada ciudad había que llevarles un profesor para que les diera clases, iban a la escuela mientras viajaban. Recuerdo llegar a la habitación del hotel en Munich, donde se quedaron tres días, y tenían que estar allí sentados unas cuantas horas por la tarde con su profesor, dando clase.

Después, en 1988, durante la carrera en solitario de Jackson, hizo su primera gira por Europa. El Bad Tour, después del álbum Bad. Y entonces fue cuando le conocí a él. Creo que esa fue una de las mejores giras de mi carrera, el Bad Tour de Michael Jackson. Porque era muy abierto con todo el mundo. Todas esas historias sobre él –que era demasiado tímido con la gente y que no quería tocar nada- son un montón de tonterías. Era muy cercano a sus fans, les daba la mano y les abrazaba. Tenía incluso un equipo de cámaras siempre con él que filmaban a los fans fuera del hotel, y si había caras familiares que le seguían por varias paradas de la gira, los llamaba a través de su guardia de seguridad y los llevaba a su habitación, les firmaba autógrafos y hablaba con ellos.

Durante las giras Bad y Dangerous había frente a la mesa de mezclas 50 asientos numerados. Todas las personas que tenían tickets para esos asientos eran camareros y camareras, personal de limpieza y todos los trabajadores de los hoteles donde se quedaba el personal de Jackson, les conseguía los mejores asientos para ellos. Y si sobraban, para mí, para mi jefe, o el promotor, o gente importante a quien invitaban, se sentaban detrás de los trabajadores. Todo el mundo que tenía estas entradas tenía que estar dos horas antes del comienzo del concierto en el hotel, el personal de seguridad les llevaban en autobús hasta sus asientos, evitando así las masas del estadio, y después del show los recogían igualmente y les devolvían al hotel. Es decir, todo estaba muy organizado de un modo amable y abierto.

Más tarde, todo esto desapareció a lo largo de los años, llegó el declive. Pero tuvo que ver mucho con la gente que rodeaba a Michael Jackson, con sus managers y ‘consejeros’. Había demasiados cambios y fue una historia triste, realmente.
Pero una de las mejores giras fue el Bad Tour, y estuve muy cerca de él desde el primer momento. Conocí a MJ a los diez minutos de aterrizar en Berlín, me llevaron al avión y me presentaron: ‘Este es George, será tu manager de gira en Alemania’. Yo estaba sólo para Alemania porque ‘Mama Concerts’ estaba haciendo Alemania, pero después me hice tan popular entre la gente de Jackson que me contrataron para toda Europa. Y acabé haciendo todas las giras europeas de Michael Jackson”.

 
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kinder10

HideOuter Hiperactivo
Buenísima.

Por muy camuflado que fuese Michael, ver a Bill paseando con alguien "extraño" y delgado por esas calles... Blanco y en botella

Lo que es impagable sería ver ese momento en el que van a calmar la histeria de los boyscouts sabiendo ya quien es. Qué conversación! :jajaja:


Gracias por compartirlo blue.
 
Buenísima.

Por muy camuflado que fuese Michael, ver a Bill paseando con alguien "extraño" y delgado por esas calles... Blanco y en botella

Lo que es impagable sería ver ese momento en el que van a calmar la histeria de los boyscouts sabiendo ya quien es. Qué conversación! :jajaja:

Les diría algo así como que él en realidad era uno de los sobrinos boy scouts (jóvenes castores) del Pato Donald disfrazado de tal guisa. Y los chavalillos por supuesto ya se quedaron mas tranquilos seguramente.:7::confused::p

Variedad de disfraces tendría no digo que no, pero la verdad es que yo siempre le recuerdo en situaciones similares llevando el mismo atrezzo de rigor: las patillacas, dientes,...que además llamaba mas la atención que otra cosa, pero bueno.

Thank U bluesey.
 
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