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Cita y autor

El título de este post, creado para la ocasión por mí, ya induce al lector a orientarse acerca de cuanto se persigue de él en el mismo: esto es, que averigüe, indague, y, en última instancia, asocie una determinada cita célebre, sentencia, frase o aforismo, vinculándola a un personaje concreto y específico, el cual la reprodujo en algún momento de su trayectoria. Perteneciente a cualquier etapa histórica, género, procedencia, o profesión.

Apremiaría encarecidamente al respetable a que procurara no consultar la respuesta en Internet, para así dotar a la sección de un mayor aura de expectación y emoción, amén de verse potenciadas nuestras capacidades deductivas.

La resolución será notificada al al cabo de unos días, tras la emisión de la correspondiente nueva entrada. Podrán requerirse, si se estimara procedente, pistas e indicios que apunten a la revelación de la persona a descubrir.

Comencemos, pues, con la primera de ellas. En la misma, intervienen dos participantes en una conversación, la cual data de 1996. Es la siguiente:

- Felipe González: "Que llame a capítulo a (José María) Aznar, y le diga que arregle eso antes de que sea demasiado tarde, para que todos tengamos la fiesta en paz, porque aquí no se ha contado toda la verdad de la lucha antiterrorista".
- Adolfo Suárez: "Pero bueno, habrá que llevar alguna idea preparada, tener una alternativa a Arias (Salgado), por si Aznar acepta el cambio, o el propio monarca lo pide".
-
Felipe González: "Esa alternativa existe".
-
Adolfo Suárez: "¿Cómo se llama?".
- Felipe González: "Eduardo Serra".

¿Quiénes son, respectivamente, los personajes 1 y 2 retratados en el diálogo arriba expuesto? Felipe González (personaje 1) y Adolfo Suárez (personaje 2); ambos, ex-presidentes del Gobierno español. El primero, entre 1982 y 1996; el segundo, entre 1976 y 1981.
 
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En la jornada de mañana publicaré la respuesta, la cual entiendo sumamente compleja y ardua, dado que se apela al jugador a deducir la identidad de dos personas en un diálogo entre ellos tan explícito, que podría dar lugar a cualquier tipo de especulación, sin posibilidad de acotar el filtro de búsqueda hasta toparos con la misma.

He de afirmar que este extracto fue recopilado por el periodista Jesús Cacho, llevando a cabo una reconstrucción de él en su libro El precio de la libertad, de cuanto conversaron telefónicamente los dos sujetos arriba presentados.

Pongámonos en situación: España, abril-mayo de 1996. El país acaba de celebrar, en marzo, unas elecciones generales, en las que, por primera vez desde el franquismo, la derecha retoma el poder, tras trece años y medio de gobierno socialista. Mientras se tejen las alianzas necesarias -con Convergència i Unió, PNV y Coalición Canaria- para la investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno por el Partido Popular (PP) -formación vencedora en aquellos comicios-, José María Aznar, en un proceso que se alargará durante casi dos meses, en los cenáculos de la España oficial se desatan las especulaciones, siempre una más, acerca de la composición del nuevo Ejecutivo, con la terna de nombres que, el ya Presidente -una vez superada, con éxito, la sesión de investidura- propondrá al Rey, prestos a ocupar, tras su nombramiento, cada cargo en dicho órgano colegiado.

He optado por la elección de esta plática, por una diversidad de motivaciones:
  • Porque los dos integrantes del peculiar intercambio de impresiones entre ellos no pertenecían, de facto, al Partido Popular -en teoría, única parte interesada en el acontecimiento-.
  • Porque manifestaban un interés evidente (sobre todo, el primero) en sugerir -como de hecho, hicieron- nombres para Aznar en el gabinete que éste último encabezaría acto seguido, sin necesidad alguna de interceder para ello. Es decir, que a Aznar casi le fue diseñado ad hoc el primer Gobierno que abanderó, en 1996, otorgándole simplemente su aval y bendición. Una información de la que los españoles permanecieron en su momento -y continúan siéndolo- completamente ajenos.
  • Porque, en el fragmento, aparece el nombre de Eduardo Serra, quien finalmente, y a la postre, terminaría desempeñando el puesto de Ministerio de Defensa, cuando, inicialmente, ni el propio José María Aznar, ni el Partido Popular en su conjunto, habían llegado a reparar en él como simple alternativa de recambio a otras opciones en la palestra con mayores probabilidades.
Así que la pregunta que tendríamos que formularnos a nosotros mismos sería la siguiente: ¿por qué Aznar abogó por Serra para Defensa, y no por Arias Salgado -ver arriba-, su primera inclinación? Debido a que el Rey se lo aconsejó, ejerciendo éste de correa de transmisión de las sugerencias expresadas por el 'Personaje 1'. ¿Motivo? Uno, y nada baladí: el personaje 1 llegó a trasladarle al Jefe del Estado -siempre de acuerdo con la versión apuntada por Jesús Cacho- que, de prosperar la intencionalidad del Partido Popular (manifestada recurrentemente en la oposición) de, una vez en el poder, publicar y desclasificar los denominados "papeles del CESID"; en especial, en lo que hacía alusión a los archivos de la llamada "guerra sucia" contra ETA, osaría llevarse por delante a quien hiciera falta, si tal empeño terminaba materializándose. Y, en efecto, con Serra mediante, no se hizo efectivo. No fueron revelados a la opinión pública, para disgusto enormísimo de ciertos mass-media (como El Mundo) que, en comandita con el PP, practicaron en los primeros noventa, una suerte de estrategia retroalimentada de erosión y desgaste por este tema contra el Gobierno predecesor.

Un Eduardo Serra, el cual puede presumir de tener en su haber un registro, cuanto menos, nada ortodoxo: haber sido uno de los pocos dirigentes capaces de asumir altos cargos, desde la Transición hasta la fecha, tanto en el Gobierno como en la Administración General del Estado (AGE), en los ejecutivos de UCD, PSOE y PP, en cada caso.

Sobre el 'Personaje 2', decir que no es motivo de actualidad política en nuestro país sino por su hijo, quien, en mi opinión, no ha heredado prácticamente ninguna de las virtudes que caracterizaron a su progenitor. Es más, ahora mismo, en los últimos días, acaba de ser zarandeado por un escándalo, acaparando las primeras páginas de los rotativos de la prensa digital, por comportamiento incorrecto e impropio para con la Hacienda Pública.

Por último, aducir que los personajes '1' y '2' fueron coetáneos de profesión, y les une la paradoja de haber desempeñado el mismo cometido, aun en períodos diferentes.

Mañana, portaré conmigo la solución (visualizar post número 1).
 
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Resuelta convenientemente la primera, procedamos con la segunda declaración:

- Diego Pablo Simeone: "Vuelvo a repetir que el Real Madrid es el único equipo español al que me iría si dejara el Sevilla" (mayo de 1994).

Sí, abandonó el conjunto hispalense. Pero, contrariamente a su deseo, jamás llegó a recalar en el madridista.

¿De quién se trata? De Diego Pablo Simeone, ex-jugador, y, desde 2011, entrenador del Atlético de Madrid. https://lamedialunadelarea.wordpress.com/2012/10/08/el-dia-que-simeone-deseo-fichar-por-el-real-madrid/

Al final, todos se vieron colmados en cuanto a felicidad, pues la escuadra colchonera se proveyó de sus servicios en agosto de 1994, comenzando el idilio, que aún perdura, entre la entidad y el argentino, quien ha recobrado, bajo su dirección en el banquillo, el esplendor y grandeza históricos -a nivel nacional e internacional- del Atlético, perdidos durante la ominosa etapa encabezada por Jesús Gil en la presidencia.

Jorge Valdano, quien terminaría asumiendo las riendas del equipo blanco en la temporada 1994-1995 -poniendo fin a un cuatrienio de inapelable dominio azulgrana, tanto en España como en Europa-, optó por contratar a otro compatriota suyo: a Fernando Redondo, procedente del Tenerife, para la demarcación de mediocentro.

Así, como sostuve líneas atrás, y con la perspectiva del tiempo, podemos calibrar que las partes salieron relativamente complacidas por el intercambio de cruces en los destinos aparejados en cada supuesto dado. Por tanto, nada que objetar.
 
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Centrémonos, ahora, en la tercera cita, proclamada, en esta ocasión, por un gran e insigne -calificativo que diferirá, en función de si un determinado pueblo permaneció a su lado, o confrontado a él- personaje de nuestra Historia:

- Napoleón Bonaparte: "China es un león dormido. Cuando despierte, el mundo temblará".

¿Alguien sabría acertar, con buen tino y criterio, la respuesta? Napoleón Bonaparte. Sin duda, todo un visionario, con casi doscientos años de anticipación. Aforismo atribuido a su persona, por Alain Peyrefitte (1925-1999), colaborador del general -y, posteriormente, primer Presidente de la V República francesa- Charles de Gaulle, en su libro Cuando China despierte..., el mundo temblará (1975).
 
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- Encarna Sánchez: "Digo, una y otra vez, que el dinero es el Dios de esta vida. El que mueve montañas, facilita imposibles, compra almas, vidas, cuerpos, felicidad (...). Y hemos conseguido que admiréis el lujo, que envidiéis el derroche, que ansiéis comprarlo todo. En una palabra: que os postréis a adorar al becerro de oro. Al Dios dinero.

Segunda lección: después de haberos convencido de que el dinero lo es todo, os hemos quitado la miel de los labios. Os hemos obligado a ver, con vuestros propios ojos, y a sufrir en vuestra propia carne, que eso del dinero sólo es para unos pocos privilegiados, y que dicho privilegio no siempre se consigue con buenas armas. Os hemos inculcado que la vida es una jungla: zancadilla, puñalada por la espalda; que el ser humano es un lobo que devora al otro ser humano; y que la presa codiciada es para el primero que llegue: para el más listo, para el más ágil, para el más audaz, o para el más sinvergüenza (...).

Y la tercera lección: es que os hemos convencido de que con el trabajo en esto no llegaréis a ningún sitio. Sí, claro; a ser una honradísima mediocridad, empeñado hasta las cejas con letras y recibos, con el futuro hipotecado, sin poder comprar lo que deseas, sin dar gusto a tus ambiciones... Pero, eso sí, recibiendo a cambio eso tan etéreo como es la satisfacción de una conciencia tranquila".

Si conociérais la identidad de quien sostuvo este relato improvisado, allá por 1982... Ahí lo dejo.

 
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