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Pienso (por mi mismo) luego estorbo.

La ciencia moderna no considera que las emociones y sentimientos estén fuera de su comprensión, aunque reconoce limitaciones significativas para medirlos de forma directa y absoluta. A diferencia de la materia física, las emociones son experiencias subjetivas, pero producen reacciones fisiológicas y patrones cerebrales medibles que permiten su estudio científico.
Aquí te detallo qué dice la ciencia sobre este fenómeno:

1. ¿Son medibles las emociones? (El enfoque científico)
Aunque no existe una "regla" única para medir un sentimiento, la neurociencia y la psicología utilizan técnicas para registrar sus manifestaciones:

  • Mediciones fisiológicas: Se puede medir la frecuencia cardíaca, la sudoración de la piel (conductancia) y la respiración, que cambian ante emociones como el miedo o la ira.
  • Neuroimagen: Técnicas como la resonancia magnética funcional (RMf) permiten observar la activación de áreas cerebrales como la amígdala o el sistema límbico durante una emoción.
  • Expresión facial: El análisis de movimientos musculares faciales ayuda a reconocer emociones básicas universales.
  • Autoinformes: Cuestionarios donde las personas reportan su experiencia subjetiva, lo cual, aunque limitado por la subjetividad, aporta datos valiosos.

2. ¿Por qué se dice que no se pueden medir "del todo"? (Limitaciones)
La dificultad radica en que la emoción es un proceso complejo y personal:

  • Subjetividad: La misma situación puede generar placer en una persona y angustia en otra.
  • Falta de "estándar de oro": No hay una medida única que capture la totalidad de una emoción (experiencia, fisiología y conducta).
  • Ambigüedad: Una sonrisa puede indicar felicidad real o una reacción incómoda, complicando la medición automática.

3. La postura científica: ¿Están fuera de su comprensión?
La ciencia no concluye que sean incomprensibles, sino que son «construcciones cereebrales» complejas, no innatas, influenciadas por el contexto y la cultura.

  • La teoría de la emoción construida: Investigadores como Lisa Feldman Barrett sostienen que las emociones no son reacciones fijas que "brotan" del cerebro, sino predicciones que nuestro cerebro hace basadas en experiencias previas, lo que las hace moldeables y comprensibles científicamente.
  • El objetivo científico: La neurociencia busca mapear cómo el cerebro procesa la información para generar la experiencia emocional, no "pesar" el sentimiento en sí.
En resumen: Las emociones no están fuera de la ciencia. Son objeto de estudio intenso. Si bien no se pueden medir de manera directa como se mide la temperatura, la ciencia sí puede comprender los mecanismos, causas y efectos de las mismas en el cuerpo y la mente.
 
Me gustaría que volviéramos a los tiempos en los que alguien sabía algo. Quizás idealice aquella mínima jerarquía del conocimiento: que alguien estudiara, investigara, contrastara, poseía un valor reconocible en casi todos los campos que no se colocaba en el mismo plano que una intuición lanzada en una red social a las ocho de la mañana.

En los últimos años hemos asistido a una erosión sistemática de esa confianza. La pandemia fue el laboratorio perfecto: epidemiólogos, virólogos y médicos comparecían a diario, mientras a su lado proliferaban tertulianos improvisados, hilos virales y vídeos de medio minuto que reducían la complejidad a una consigna. Lo vimos con las vacunas, con las mascarillas, con cualquier dato incómodo. Con el cambio climático: informes del IPCC frente a opiniones que niegan, minimizan o reinterpretan sin base alguna. Que la AEMET se haya visto obligada a desmentir bulos sobre olas de calor o manipulación de datos debería escandalizarnos.


 
Para un ser moral, la corrupción es una termita que, voraz y sin modales ni aviso previo, devora el maderamen de todo un sistema político y administrativo. Alguien debió confundir en España el viejo aforismo por el que deben elegirse siempre para las más altas magistraturas a los más honrados y tratarlos como si fuesen delincuentes. En suma, alguien debió leer que hay que escoger a los más deshonestos y vigilarlos como si fuesen honorables. Y tanta costumbre tenemos de ello, que, como sociedad, hemos metabolizado como algo consustancial que nuestros políticos sean corruptos. Y no porque el poder corrompa, sino porque lo que realmente les corrompe es el miedo a perderlo.
Todos han practicado o practican ese lenguaje ritual de los restaurantes caros, mochilas con dinero de película de sobremesa, y esa capacidad mística de no recordar nada ante un juez. Pero no solo ellos. También nos corrompemos nosotros cuando elegimos. Por eso, inmorales son los que estos días eligen un juicio y descartan el otro. Por eso, inmorales son quienes consideran creíbles los testimonios de un juicio y consideran impertinentes los del otro. Por eso, inmorales son los que afirman que es verosímil que la dirección de un partido conociese los crímenes cometidos mientras la suya no podía conocer los crímenes propios. Inmorales sin conciencia y sin perdón.
 
"Es inevitable: escuchar hablar de cuarentenas y confinamientos, ver imágenes de médicos vestidos de buzo o escuchar a Fernando Simón vaticinar que el hantavirus «no va a suponer un riesgo para España en absoluto» despierta en todos recuerdos que permanecían escondidos en el fondo del baúl, enterrados en polvo y dolor.

Pero más allá de las andanzas del subconsciente, que siempre fue libre, apliquemos el sentido común antes de vaciar supermercados o echar el pestillo a la puerta. Primero, a los políticos el caso justo, pues lo que ellos llaman el interés general es realmente ‘yo bien, el otro mal’. Lo mismo para ‘cuñaos’ y Miguel Bosés.


Y por último, escuchen a los que de verdad saben, los que han estudiado durante años, no cinco minutos".
 
Y en relación a esto:

La Renta Básica Universal (RBU) se define como una asignación monetaria incondicional y automática para todos los ciudadanos, garantizando sus necesidades básicas sin importar su situación laboral. Un argumento central a su favor es que el dinero no es el único —ni el principal— motor humano; la verdadera motivación a menudo proviene de la pasión, la curiosidad y el propósito.

El Ejemplo de Albert Einstein: Motivación más allá del dinero
Albert Einstein es un ejemplo clásico utilizado para demostrar que la genialidad y la productividad a menudo florecen cuando las necesidades básicas están cubiertas y la presión económica se elimina:

  • Pasión, no lucro: Einstein afirmó: "No me importa el dinero. Los títulos o distinciones no significan nada. No ansío elogios. Lo único que me da placer, aparte de mi trabajo, mi violín y mi velero, es el aprecio de mis compañeros de trabajo".
  • Curiosidad insaciable: Él mismo describió su genialidad no como un talento especial, sino como una pasión por la curiosidad ("No tengo talentos especiales, solo soy apasionadamente curioso").
  • Libertad para investigar: Einstein argumentaba que la verdadera felicidad proviene de la simplicidad y el propósito, no de la riqueza material.

Aplicación a la RBU: Si Einstein necesitara trabajar 12 horas diarias en un empleo no cualificado solo para sobrevivir, es probable que no hubiera desarrollado la teoría de la relatividad. La RBU busca proporcionar esa "libertad de tiempo" que permitió a genios como él dedicarse a sus pasiones sin la urgencia de la subsistencia diaria.
Otros incentivos no monetarios (Argumentos a favor de la RBU)
La RBU se basa en que las personas, al sentirse seguras financieramente, no se quedan "en el sofá", sino que se dedican a actividades de mayor valor social y personal.

  • Creatividad y Aprendizaje: Tiempo para estudiar, investigar o crear sin el riesgo de la pobreza.
  • Cuidado y Voluntariado: Valorar el trabajo no remunerado (cuidar niños, ancianos, voluntariado).
  • Emprendimiento: Asumir riesgos para iniciar nuevos negocios o proyectos artísticos sin miedo a la ruina total. [1, 2, 3]
En resumen, el ejemplo de Einstein sugiere que una sociedad con renta básica podría liberar una inmensa cantidad de energía creativa y científica, ya que la gente trabajaría por propósito y no solo por supervivencia.
 
Pinchad solo en: la Naturaleza, protagonista de la escena definitiva.



 
Y paso a exponer la parte principal del primer link del reply anterior:

El autor del libro* se plantea porque el ser humano es tan iluso de dar la espalda a la naturaleza. "Ya lo dijo Averroes hace muchos años que somos una parte vital de la naturaleza. No existe una dimensión natural y otra social, sino que existe un mundo que se llama ecosocial. Los cambios en la naturaleza provovan cambios sociales y al contrarip

*La teatralización del cambio climático de Carmelo Marcén.
 
Opinión impopular pero visto como va el mundo considero que la certera, aun reconociendo que tiene su buena dosis de cinismo pero reitero, teniendo en cuenta el curso del mundo en el que -por eje en muchos, demasiados, lugares lo de los DD.HH regular.

La moralidad, los valores éticos, principios no surjen tanto de análisis crítico y convicción personal si no por,digamos, inercia mas que nada de lo que el individuo ve/observa en su entorno social mas inmediato sobre todo, las costumbres de su región,..
 
La primera de ellas precisa que una máquina no es una persona. La encíclica insiste una y otra vez en que las IA no piensan, no comprenden, no tienen conciencia moral, carecen de experiencia humana. Predicen patrones. Imitan lenguaje. Procesan datos. Nada más, y nada más lejos que los discursos que hablan de ellas como si fueran oráculos, terapeutas, amigos o sustitutos emocionales.

Por eso resulta tan pertinente la referencia a Hannah Arendt. Arendt escribió sobre burócratas incapaces de pensar moralmente fuera de las órdenes recibidas, sustituidos hoy por algoritmos capaces de tomar decisiones masivas sin que nadie asuma la responsabilidad. También aparece, para deleite de sus lectores, Tolkien. El autor, fervoroso católico, advertía en su obra contra la obsesión por dominar el mundo hasta despojarlo de alma. Saruman no se encuentra tan lejos de cierta lógica contemporánea según la cual todo debe optimizarse: el trabajo, el sueño, la atención, el cuerpo, el deseo y, por supuesto, la creatividad.

La encíclica no pide destruir la tecnología ni el regreso a las cavernas, sino la complicada tarea de gobernarla con ética, regulación y responsabilidad en un terreno donde demasiados actores llevan años actuando como si el progreso técnico justificara cualquier consecuencia social.
Magnifica Humanitas devuelve la discusión a un terreno profundamente humano. ¿Qué no deberíamos convertir en producto? ¿Qué ocurre cuando la eficiencia se convierte en el valor supremo?
¿Quién dictará las normas éticas? El futuro, nos recuerda, dependerá de aquello que nosotros decidamos negarles.



 
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