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Pienso (por mi mismo) luego estorbo.

Extracto de una entrevista a Nicoletta Verna escritora italiana:

Hoy vivimos en una democracia y no en una dictadura, y esto es algo que nunca debemos olvidar, así como tampoco debemos abusar del término 'fascismo' para que no pierda su significado. Sin embargo, como decía Umberto Eco, esta ideología tiene la capacidad de transformarse y de volver a presentarse bajo nuevos ropajes, mudando de piel pero manteniendo la misma savia vital. Eco lo llamaba 'ur-fascismo' (o fascismo eterno) y decía que no utiliza los viejos símbolos, sino que se nutre de la intolerancia, de la simplificación del lenguaje, de la frustración social y de la búsqueda de chivos expiatorios. Por desgracia, todas estas tendencias existen en la sociedad actual. Nuestro deber, por lo tanto, es desenmascararlas y señalar con el dedo cada una de las nuevas formas de fascismo, todos los días, en cualquier parte del mundo.
 
Fragmento destacado de la opinión: La apertura cubana.

...Quizá lo que de verdad no existe ni ha existido nunca es el comunismo, que siempre ha sido un capitalismo de Estado tanto en China como en la URSS, como en las caricaturas de ambas que hemos podido encontrar en la Cuba castrista o en la Venezuela bolivariana.

Más que a un todavía no estrenado modelo de justicia social, a lo que han respondido esas experiencias del llamado ‘socialismo real’ es a un sistema económico en el que los sucesivos gobiernos han poseído el control de los medios de producción dirigiendo las industrias estratégicas, así como manteniendo las estructuras empresariales y de lucro pero en su exclusivo beneficio. Desde la era Stalin, los jerarcas de la nomenklatura soviética fueron heredando las dachas que el zarismo cedía a los altos funcionarios.


... o que pasa con estos regímenes que de pronto dicen abrirse al capitalismo es simplemente que amplían sectores del reparto económico; abren la mano de una manera calculada movidos por una gran crisis. Amplían el acceso a la producción y al mercado a las mafias, a las élites políticas, a los grupos de poder, en fin, que ya existen dentro del sistema. Extienden ese acceso a la iniciativa privada, pero poquito para que no se formen las clases medias, que son sus naturales enemigos. Pero la democracia solo llega de veras con las clases medias.
...
 
Me identifico plenamente con esta percepción, sobre todo lo que destaco en cursiva:

"Antes me bastaba una mirada en torno para intuir hacia dónde se movían las cosas. Nosotros éramos las cosas, éramos el momento, o al menos creíamos serlo, porque mi generación, si somos sinceros, nunca accedió a grandes cotas de poder. Ahora necesito que varias piezas heterogéneas me expliquen por qué un vídeo de treinta segundos decide una carrera política, o por qué ese es el último libro que arrasa; en realidad, comienzo a necesitar un intérprete para casi todo.

No quiero volver atrás. De hecho, no cambiaría la posibilidad de entender por fin quién fui por la confusión feliz, intensa y desesperada de los veinte años. No echo de menos mi juventud, sino aquella extraña sensación de vivir en sincronía con la época. De creer que el mundo y yo aprendíamos las mismas cosas al mismo tiempo. De alimentar una esperanza de cambio o de progreso que ahora se ha atenuado".
 
«Nadie niega las ventajas y las comodidades de la tecnología y la vida moderna, pero seguimos preguntándonos si el precio que pagamos es demasiado elevado».

Del Paleolítico al ansiolítico nos propone una bella reflexión sobre la búsqueda de la felicidad y el bienestar humanos comparando a los pueblos originarios y las sociedades modernas. En un increíble viaje entre pueblos como los Batak en Filipinas, los Datoga en Tanzania o los Kwegu en Etiopía, entre muchos otros, el profesor Francisco Giner Abati presencia la importancia del apego familiar, la crianza en entornos comunitarios, el valor del juego en la socialización, el aprendizaje práctico frente al exceso de formación teórica o la vivencia de la enfermedad y la muerte.

Decenas de expediciones en distintos continentes, cargadas de relatos e imágenes imborrables, nos invitan a reconsiderar algunos aspectos de nuestro estilo de vida y a recuperar los vínculos, la comunidad y el contacto con la naturaleza para alcanzar una existencia más plena.

«Aún recuerdo las palabras de Longoli, un anciano del pueblo Ik, en Uganda: Los Ik somos pobres, pero aquí, en las montañas, somos los reyes del universo».


 
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